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Invención irresponsable

Jaime Arocha

13 de septiembre de 2022 - 12:00 a. m.

Por estos días, sí que ha tenido sentido la tesis del historiador Eric Hosbawm, referente a que la gente inventa y transforma la tradición. ¿Quién y cuándo ideó e introdujo el toque de trompetas que daba inicio a la ceremonia de proclamación de Carlos Felipe Arturo Jorge como el tercer rey Carlos del Reino Unido y de su Mancomunidad de Naciones? ¿Cuál era el sentido de los leones bordados en oro sobre el uniforme rojo de quien hacía la proclama? Y aquí en Colombia, al iniciar el lanzamiento de “Resistir no es aguantar”, el tomo del informe de la Comisión de la Verdad sobre la violencia contra los pueblos étnicos, ¿qué significaban las figuras geométricas que un oficiante negro trazaba con flores sobre el proscenio del Teatro Jorge Eliécer Gaitán para honrar a la fallecida comisionada Ángela Castillo?¹ Y para cerrar el mismo rito, ¿qué significaba la danza que hacía el ensamble Zarakua, cuyas bailarinas levantaban unas totumas al aire? Si representaban la minería aluvial del oro, ¿no deberían haber usado bateas? ¿Por qué los hombres del mismo grupo llevaban el torso desnudo?² Si uno mira videos recientes de agrupaciones tan magníficas como la de la Fundación Changó de Tumaco, también se halla ante cámaras que se deleitan con la musculatura del pecho y los brazos desnudos de los hombres que cantan y bailan. ¿Se trata de un regodeo comparable al de los compradores de gente convertida en mercancía que pormenorizaban cualidades corporales de acuerdo con los trabajos forzados que tenían en mente? Los actuales creadores de ancestralidad, ¿no son conscientes de que también pueden reforzar el estereotipo del poderoso y bello semental negro que ha existido desde la colonia y para cuya seducción era usual que en ese entonces las aristócratas recurrieran a brujas expertas en la magia amorosa?

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Inventar tradiciones no debe ser un juego que refuerce la estereotipia que cimienta el racismo estructural. Si uno consulta la página de la Fundación Zarakua encuentra que la palabra quiere decir comunidad fundada por mujeres y que el vocablo es de África. ¿Cuál de todas las Áfricas? ¿La que parecería pintar un solo país y reforzar esa otra simplificación de la pétrea homogeneidad socio-cultural africana?

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El 27 de agosto en el Salón de Gobelinos del Palacio de Nariño, el pastor Arley Mena inauguró la conmemoración del aniversario 29 de la proclamación de la Ley 70 de 1993. Hubo un momento cuando sentimos que nos hallábamos en una fiesta de las que anima un recreacionista profesional. Mena se dirigió hacia el espacio donde estaban ministros, ministras y embajadores, entre otros funcionarios de alto rango. Pidió que se le acercaran tres voluntarias y tres voluntarios, y cuando tuvo a sus protagonistas juntos, les repartió un espagueti crudo para que lo partieran. Fue fácil, pero sucedió lo contrario con los paquetes completos. Lección, de la fortaleza comunitaria dependerá el futuro de la Ley 70 de 1993. Acentuó su mensaje con palabras que dijo haber tomado de Josué uno nueve: “Mira que te mando que seas valiente. No temas ni desmayes, porque Jehová, tu Dios, estará contigo a donde quiera que vayas…” Luego, pidió un minuto de silencio por aquellos miembros ya fallecidos de la comisión que ideó el estatuto celebrado, a saber, Saturnino Moreno, María Angulo, Manuel Carabalí y Dionisio Miranda. ¿No habría sido justo haber incluido también a la hermana Yolanda Cerón, asesinada el 19 de septiembre de 2001 por un paramilitar porque, en Nariño, ella recorría las costas de Salahonda y los afluentes del río Mira haciendo la pedagogía de esa ley y reforzando el trabajo de los consejos comunitarios? ¿Fue una omisión involuntaria no decir nada sobre el Foro Interétnico Solidaridad Chocó que ha tenido la valentía de mostrar cómo coexisten fuerzas armadas estatales e ilegales en la vulneración de la territorialidad colectiva que quedó legitimada hace casi 30 años? No obstante, pasados aquellos sesenta segundos conmovedores me pregunté si en ese ámbito presidencial, los organizadores no habrían debido tener en cuenta que nuestra constitución instituyó la laicidad de la nación. A mi izquierda tenía un fervoroso musulmán, y por detrás y a mi derecha decenas de chocoanos fervientes devotos de San Pacho. Es posible que ni el uno, ni los otros se sintieran a gusto a lo largo de esa advocación evangélica. Bienvenidos los inventores de tradiciones cuyos símbolos y relatos aglutinen a las comunidades negras, hasta ahora subrepresentadas. Sin embargo, al menos, convoquen oficiantes plurales que ofrezcan liturgias ecuménicas incluyentes. Y del mismo modo, ojalá recuerden que un sólido cimiento del racismo consiste en los pertinaces pero evitables estereotipos de la cosificación hipersexualizada del macho negro y la inamovible homogeneidad cultural africana.

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*Miembro fundador, Grupo de estudios afrocolombiano de la Universidad Nacional y profesor del Programa de Antropología, Universidad Externado de Colombia

¹ https://www.youtube.com/watch?v=7twPFUuXx48

² https://www.zarakua.org/quienes-somos/

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