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Memorias de África en la batalla cultural

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Jaime Arocha
08 de septiembre de 2026 - 05:00 a. m.
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Las gentes negras han completado cuatrocientos años de batallar por sus culturas. Como parte de esa resistencia, el 26 de agosto de 2026, más de 200 firmantes le dirigieron una carta al presidente Abelardo de la Espriella para para recordarle que tiene el deber de conformar la Comisión de Estudios para la formulación del Plan de Desarrollo de las Comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras 2026 – 2030. El presidente aún no ha respondido una comunicación que enumera los artículos de la Ley 70 de 1993 que obligan a crear ese equipo. La que se conoce como ley de negritudes materializó el artículo 55 transitorio de la Constitución de 1991, el cual legitimó los derechos culturales, políticos y territoriales de tales pueblos. Los firmantes indican que el ideal sería que el plan de desarrollo de esas comunidades estuviera listo para que el gobierno nacional lo incorporara a su Plan Nacional de Desarrollo y de ahí lo presentara al CONPES y al Consejo Nacional de Planeación. Insisten en que candidatos y candidatas deben demostrar que defienden el derecho al desarrollo autónomo, la preservación del medio ambiente en sus territorios colectivos, mediante economías sostenibles que partan de las prácticas tradicionales de producción. Debido a que el departamento del Chocó, Buenaventura y los municipios aledaños al puerto, así como el sur de Valle figuraron entre los territorios más afectados por el terremoto del 10 de agosto, sostienen que la selección de aspirantes tendría que ser aún más exigente. Sin embargo, no son ingenuos: evidencian que los desnombramientos de funcionarios atestiguan que la lealtad con los defensores de la patria y la adhesión a la moral conservadora priman sobre el estudio de méritos.

Un equipo escogido apelando a la ortodoxia evangélica reforzaría la prioridad difundida desde Washington acerca del fortalecimiento de la civilización occidental. Con gusto ese grupo apoyaría la falta de voluntad que han exhibido nuestros políticos para la implementación plena de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos. La introdujo la ley mencionada como estrategia contra el racismo y el ocultamiento de las contribuciones de los pueblos de ascendencia africana a la formación nacional. Dio origen a grupos excepcionales de maestras, maestros, gente de la academia y gestores e innovadores culturales que han completado 30 años de compromiso con la revolución educativa que gira alrededor de las memorias de África. Ahora más que nunca, dentro de sus ámbitos de creación, esas gentes inusuales persistirán en hacer visible lo que ese continente le ha legado a la civilización occidental en una espiritualidad especialmente respetuosa de los antepasados o en las estéticas musicales y plásticas. No dejarán de remarcar que el imperio español fue posible por el trabajo esclavizado de mujeres y hombres africanos en minas de oro, plantaciones de caña y de pastos para la ganadería. Reivindicarán la dedicación con la cual las amas de leche negras eximieron de la crianza a las madres blancas. Ensalzarán a los bogas que con sus champanes subían por el río Magdalena pianos, muebles, libros, sedas y perfumes. No dejarán de referirse a capataces letrados quizás de origen Ashanti que llevaban la contabilidad en entables mineros porque sus amos eran iletrados. Occidente no ha florecido en el vacío, sino en contextos de violencia y abuso que esos adversarios de la patria milagro no estarán dispuestos a pasar por alto.

*Jaime Arocha es doctor en antropología cultural y miembro fundador del Grupo de estudios afrocolombianos de la Universidad Nacional.

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