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Teoabelardismo

Jaime Arocha

25 de agosto de 2026 - 12:00 a. m.

En el A fondo del 12 de agosto, Claudia López sostuvo que muchos de quienes detestaban a Petro, votaron convencidos de que De la Espriella moderaría su ultraderechismo y se abstendría de llevar a cabo las crueldades que anunció en campaña. Según ella, se equivocaron.

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Para esos electores, eso de que el futuro presidente fuera ciudadano de los Estados Unidos era insignificante. Sin embargo, a las 48 horas de la posesión presidencial, media docena de funcionarios de ese país ya se habían tomado la palabra a nombre del nuevo gobierno. Inclusive, el secretario de guerra norteamericano dijo que Abelardo de la Espriella autorizaba el ingreso de tropas norteamericanas a nuestro territorio. No hubo ni una palabra sobre la requerida aprobación parlamentaria. Sospecho que, a futuro, la enajenación de la soberanía nacional podrá involucrar a tecnócratas como Peter Thiel, el libertario americano-alemán neo-nazi, partidario de reemplazar democracias por monarquías y naciones etnodiversas por ciudades autónomas de gente blanca. No sería raro que ese personaje diera a conocer que tendría autorización presidencial para construir aquí megacentros de inteligencia artificial, incluidos los de su de Palantir Technologies. Al fin y al cabo, Iván Duque consideró que esa empresa sería útil para gerenciar la pandemia, y le permitió que accediera, extrajera, almacenara y analizara datos personales de millones de colombianos. Para que a esos mega-complejos de datos no los quemen los billones de procedimientos matemáticos que hacen cada segundo, son necesarios cientos de millones de metros cúbicos de aguas impolutas. De ahí que haya que mirar con sospecha el que el ministro de ambiente haya revocado la resolución que declaraba como reserva natural las 1.500 hectáreas de la cuenca de la quebrada La Baja en límites con el páramo de Santurbán. Nuestra apreciable oferta ambiental podrá ponerse al servicio gringo y así sacarle el quite a la oposición a los centros de datos que no para de crecer por esas tierras. En Tennessee, Justin Pearson acaba de ganar su escaño demócrata por su liderazgo en contra de los colosos uno y dos, como se conocen los ultraprocesadores de información que el también neonazi sudafricano Elon Musk ha pretendido imponer en esa región sin que le importe que a ciudadanos negros, pobres y racializados se les fuerce a respirar el aire contaminado que emana de los megacomputadores, y a pagar los exagerados precios que adquieren la energía y el agua para que funcionen.

Con su ya inocultable docilidad, es bien probable que el abelardismo ponga a la orden de tecnócratas imperiales territorios de cuya preservación han sido responsables cabildos indígenas y consejos comunitarios de comunidades negras. Sin duda, opondrán olas de resistencia, dado el fortalecimiento de los movimientos étnicos que ha tenido lugar a lo largo de este medio siglo. Fundamental que desde ahora se preparen para enfrentar cómo los muy perfeccionados algoritmos de Palantir, Google o Mega registrarán caras y creencias políticas para fijar su mirada en quienes —según los dictámenes del secretario de estado, Marco Rubio— deberán ser catalogados como diabólicos izquierdistas. Para destripar a esas personas será de ayuda la experiencia genocida que han ganado en Gaza las Fuerzas de Defensa Israelí (IDF). Hay evidencias de que miembros suyos se camuflan como rescatistas de víctimas del pasado terremoto. Quizás permanezcan aquí para replicar ese entrenamiento paramilitar de los años de 1980 y 1990, del cual dependió el exterminio de la Unión Patriótica. Hoy la demonización del progresismo ocurre mientras el dueto Trump-Netanyahu es objeto de devotas genuflexiones debido a que propende suplantar naciones laicas pluriculturales y multirraciales por teocracias occidentalizadas blanco-judeocristianas. En consonancia con esa orientación mental, para el abelardismo, no fue que el choque de placas tectónicas causara la tragedia del 10 de agosto, sino los inescrutables designios celestiales. Así, puede ser posible que El Tigre arguya que su anhelado destripe de progresistas demoníacos sea de inspiración divina.

1 Doctor en antropología cultural y miembro fundador del Grupo de Estudios Afrocolombianos de la Universidad Nacional.

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