Cuando salga esta columna, la Registraduría Nacional del Estado Civil habrá contado mi voto por el senador Iván Cepeda Castro y la adalid naza Aida Quilcué. Me ilusiona que el característico humanismo de ambos les dé más oportunidades a los pueblos étnicos para que profundicen su contribución a la salvaguardia de la Sierra Nevada de Santa Marta y de los ríos que origina para irrigar La Guajira, de las ciénagas y humedales de la Depresión Momposina, de los páramos sagrados del los muiscas, de las selvas tropicales húmedas de la cuenca amazónica y el litoral Pacífico, así como de sus patrimonios bio y etnodiversos. Él ostenta una sólida formación en filosofía; ella una amplia experiencia de liderazgo que les permitirá justipreciar el valor de las liturgias que esas sociedades practican a favor de las conversaciones entre las personas y los animales, las plantas, los árboles, los hongos y las bacterias que hacen de los suelos de esos paisajes entes vivos y móviles. Es bien posible que la prioridad que les dan a los fenómenos humanos contribuya a que la megaobra de conectar el mar Caribe con el océano Pacífico se base en el respeto por los pueblos asentados a lo largo de la vía proyectada. Con seguridad, les llamarán la atención a quienes han divulgado los supuestos beneficios ya sea de un canal o un tren desde el golfo de Urabá hasta—digamos— la bahía de Cupica, mediante sesiones de socialización a las cuales presentan como si ya hubieran cumplido con el requisito de realizar las respectivas consultas previas, libres e informadas que contempla en Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, incorporado a la legislación nacional desde 1991. Me refiero a funcionarios responsables de esta absurda esquizofrenia de la cual somos testigos en los estertores del Gobierno de Gustavo Petro. Por un lado, de acuerdo con la conversación entre la ministra encargada del medioambiente, Irene Vélez, y Juan David Correa, por primera vez en la historia del país, mediante un Conpes, el Estado desarrollará una política de vigencias futuras para asegurar que ni en la Amazonía, ni en el Chocó biogeográfico tengan lugar grandes proyectos que vulneren los excepcionales ecosistemas de ambas regiones y los ríos voladores que las conectan con los Andes y nutren los acueductos metropolitanos. Habrá severas restricciones para la extracción de hidrocarburos y minerales. Por otro lado, en presentaciones como la que realizaron el 21 de mayo en Quibdó, la Gobernadora del Chocó, la ministra de Transporte y directora de la UPIT dan por concluida la fase de prefactibilidad del ferrocarril interoceánico, la cual involucra empresas interesadas de al menos seis países. Sin embargo, no hay información detallada sobre visitas al terreno, luego de que las hubieran aprobado los representantes legales de cabildos embera y wounan, o los de los consejos comunitarios de comunidades negras.
Un gobierno de Cepeda y Quilcué garantizaría profundizar en el reconocimiento y legitimación del liderato étnico, en calidad de competente autoridad ambiental de la nación, de modo que sea irreversible la consolidación de una “etnotecnocracia” a la cual no solo la obsesione el crecimiento del PIB y el enriquecimiento de los empresarios, sino una noción de desarrollo que, entre otras, incluya la fraternización con colibríes, mariposas, abejas, libélulas y demás polinizadores, o con hormigas arrieras fabricantes de poderosos fertilizantes no tóxicos. Tengo la certeza de que se pondrán del lado de la comunidad indígena o campesina que urja la desviación de una carrilera porque pueda profanar esos cementerios sin lápidas de mármol, ni letras doradas, sino de tumbas marcadas con árboles de vida. Sí que comprenderán el valor de esos espacios para llevar a cabo conversaciones con los ancestros. Iván lo ha aprendido mediante la relectura de los versos que, antes de ser asesinado, su padre le dedicó desde una prisión que buscaba frustrar sus posturas críticas. De la transcripción que hizo Federico Díaz-Granados, cito: “Iván, / ¿cómo te escondías / tú, para jugar! / Antiguo del mundo, / harto de guerrear, / llegaba el guerrero / a su propio hogar / y allí un niño de oro, / de negro mirar, / jugaba conmigo / a estar y no estar... // Ahora, en los patios / del hosco penal, / antiguo del mundo, / de tanto guerrear, / yo busco, soñando, / a mi niño Iván. //—Ya es tiempo que salgas, / te llama papá”. La sumatoria de todas esas cualidades hará parte del paradigma que en las democracias del sur global surge como alternativa para superar el ya disuelto y fracasado neoliberalismo.
*Jaime Arocha es doctor en antropología cultural y miembro fundador del Grupo de Estudios Afrocolombianos de la Universidad Nacional.