Hace un par de meses, cuando se anunció la posibilidad de la entrevista entre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, y el expresidente Álvaro Uribe Vélez, dije por ahí, en algún comentario en red social, que dado que el padre había querido reunirse con Uribe debía cuidarse de no “entrar en el escenario y las funciones de un capellán de hacienda”. A veces uno quisiera no tener razón. El presidente de la Comisión terminó prestándole una especie de servicio espiritual a Uribe —en los términos de las capellanías de las haciendas coloniales— y no a la necesidad del esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la...
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