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Borges, Maradona y Estados Unidos como sede del Mundial de Fútbol

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Javier Ortiz Cassiani
15 de enero de 2026 - 05:05 a. m.

A veces, por oposición, Jorge Luis Borges es invitado al Mundial de Fútbol. En una pequeña entrevista para televisión concedida a Augusto Bonardo en 1980, Borges habló de la situación internacional, de la necesidad de un mundo abierto y de la preocupación porque la época de apertura de Argentina estaba pasando a la historia. La gracia nuestra, dijo, “no es solo descender de españoles o de indios, o en el caso de Brasil, de africanos –por supuesto, África no estaba asociado de ninguna manera a Argentina–, sino de gente de todas partes del mundo”. Bonardo se sintió en confianza para contarle el chiste que describe a los argentinos...

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Carlos Arturo Molina Rios(92784)16 de enero de 2026 - 12:29 a. m.
Definicion de ego : " es ese pequeño argentino que todos llevamos adentro " Por supuesto aplica para el futbol.
William Velasco velez(16260)15 de enero de 2026 - 02:10 p. m.
Para reflexionar la columna.
Atenas (06773)15 de enero de 2026 - 01:08 p. m.
Por supuesto q’ si vemos el fútbol sólo como un puñado de 23 pendejos corriendo detrás de un balón en un desgaste de energía innecesario pa tan bajos resultados q’ en ese juego se suelen dar, pues pena debería sentirse, tal sería el análisis. Mas, como Borges no lo jugó y menos lo vio, igual es de entender su disimulada frustración, y más hoy con la fiebre q’ despierta, y sin negar q’ es un placer ver la integración de “razas” en la liga inglesa y por doquier. Y menos en China y Rusia.Atenas
Gines de Pasamonte(86371)15 de enero de 2026 - 12:50 p. m.
A Albert Camus, un año antes de su trágica muerte, 1960, le preguntaron que, de no haber sido por la tuberculosis, qué hubiera escogido entre el fútbol y la dramaturgia, sin titubear respondió: ¡Futbol! ¡Plop! Por fortuna para el mundo de las letras, la enfermedad alejó al gran Camus del balompié, guardameta era su puesto preferido. ¿A qué debemos semejante respuesta? Tal vez su desencanto con el mundillo intelectual, a las intrincadas mezquindades y envidias de las que había sido víctima.
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