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Hace unos días, cuando llegaba a casa, me caí. Había llovido. Hacía más de 18 años que no me caía. La última vez fue en junio de 2006, era día del padre. Dos días antes viajé de Cali a Cartagena con mi hija Camila que entonces tenía cinco años, y estábamos quedándonos en casa de mi hermana Erica. Mi madre, mi hermana Mare y un montón de sobrinos también estaban allí. Saliendo del baño resbalé y mi hermana dice que fue como si quedara suspendido en el aire y después cayera en cámara lenta. Mientras descendía, escuché el grito de mi madre: “¡Mijo!”. No me pasó nada. No sentí dolor.

Ayer me bajé de un Uber a media cuadra de la casa...

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Alba(46837)22 de noviembre de 2024 - 05:02 p. m.
Me siento retratada, en mi caso fue fractura de cúbito y radio del brazo derecho. Pero no me dolió e ego, ni el orgullo, sino el sentimiento de soledad
HUGO(31598)22 de noviembre de 2024 - 04:04 p. m.
Con la edad y el sedentarismo dicen que las piernas son la parte vulnerable, así que en cualquier caso moverse puede mejorar la estabilidad.
Flavio(nrv85)22 de noviembre de 2024 - 04:14 a. m.
Pero con el pelo blanco cualquiera resbala y cae.Tema salsero.
Juan(tvlxj)22 de noviembre de 2024 - 02:28 a. m.
La opinión también debe cubrir las miserias de la vida cotidiana y de la condición humana. Buen relato, profesor. Pero me temo que todavía lleva encima los infamantes morados del accidente.
Mario(196)21 de noviembre de 2024 - 10:20 p. m.
Interesante reflexión, entiendo el mensaje, hay que aprender a envejecer para que no nos coja por sorpresa
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