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La soledad de la música

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Javier Ortiz Cassiani
24 de junio de 2021 - 03:30 a. m.
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Lo veía en todas mis noches de pernicia universitaria en el Centro Histórico de Cartagena de Indias. Era una marca registrada en el paisaje noctámbulo de la ciudad. Era gordo sin llegar a la exageración y tenía las caderas redondas. Usaba un mostacho de morsa, camisas tropicales y una guitarra metida en su estuche colgada en el hombro. Su pareja musical era un hombre flaco y alto que le sacaba casi medio cuerpo de estatura. Tenía, como casi todos los serenateros de los viejos puertos caribeños, la solemnidad de otro tiempo y ofrecía sus servicios al turismo con una reverencia en desuso. Creo que fumaba y tosía en los ratos de descanso. No estoy seguro de si lo hacía. Quizá lo imaginé fumando y tosiendo por su apariencia de minero polaco o de habitante de algún lugar frío donde personajes solitarios tomaban a pico de botella largos tragos de vodka o ginebra.

Caminaba pausado. Normalmente no era él sino su compañero quien se acercaba a los clientes punteando la guitarra y tarareando un bolero para ofrecer su música. Él regularmente esperaba sentado en la banca de una de las plazas del centro, atento a alguna señal. No recuerdo haber escuchado su voz en ninguna conversación, a lo sumo su fraseo en una canción cantada a un grupo de comensales, de esos que piden música para animar la comida, pero que con su algarabía de turistas exitosos terminan apagando la melodía. No escuchan nada. Tampoco se escuchan entre ellos. Sus expresiones de felicidad son para ser miradas, exhibidas. Siempre he creído que cuando eso sucede los músicos aprovechan para repasar su vida mientras tocan mecánicamente o en su mente putean a los clientes y se van a otro lado a cantar su canción preferida.

En realidad, no es que le prestara mucha atención al guitarrista o eso creía yo en aquellos tiempos. Con un grupo de amigos andábamos en lo nuestro: haciendo resistencia en las plazas y parques del Centro Histórico de Cartagena de Indias cuando el lugar se empezó a llenar de restaurantes y bares costosos que sacaban sus mesas a las plazas y parques. Todavía nos quedaban algunas tiendas y los viernes, después de la universidad, nos gustaba comprar cerveza, rones baratos y fritos a Dorita en la plaza de San Diego, y exhibirnos entre las mesas que ocupaban políticos, empresarios y miembros del jet set nacional. Después me fui de la ciudad. A veces venía por tres o cuatro días y la rutina de alguna manera volvía a ser la misma: el guitarrista seguía allí, como una cureña al pie del cañón en las murallas. Luego me iría más lejos de Cartagena y no lo vi más. Cuando regresé definitivamente ya había renunciado a aquella bohemia con estética de arrabal en la ciudad presumida y una que otra vez era uno de los que se sentaban en esas mesas a comer. Tampoco lo veía desde ese lugar o tal vez no le presté atención, como aquellos clientes que contrataban sus servicios. Cuando llegó la pandemia, por supuesto, era más difícil la posibilidad de verlo, pero hace un par de días por la noche, mientras trotaba en la caminadora frente a la ventana escuchando la Sexta sinfonía de Beethoven, lo vi pasar por el otro lado de la acera. Iba solo… bueno, con su guitarra. Ahora camina más lento, está canoso, se ve menos gordo y un poco más pequeño —quizá tiene las carnes flácidas y escurridas—. Solo lo vi por cuatro segundos mientras cruzaba de un extremo a otro de mi ventana, pero en mi cabeza se atropellaron este montón de recuerdos.

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Jairo(7734)24 de junio de 2021 - 04:53 p. m.
Ñerda, escritor!
Ewar(6960)24 de junio de 2021 - 04:53 p. m.
¿Y no salió a saludarlo?
daniel(84992)24 de junio de 2021 - 04:12 p. m.
Hermosa historia Javier!. Interesante la visión de la vida de la persona que está delante de la guitarra. Sería interesantísimo motivo de otra narración, la del que esta detrás, tocando el instrumento. Anímese a contactarlo! Saludos.
MARIA(30795)24 de junio de 2021 - 02:00 p. m.
Buen y bonito relato, gracias. Me pasan, a veces, cosas como esa cuando vuelvo a mi ciudad. Y luego todo pasa por dentro...
Gines(86371)24 de junio de 2021 - 11:07 a. m.
Y?
  • orlando(33376)24 de junio de 2021 - 12:01 p. m.
    Se le pasó
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