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Los votos están ahí

Javier Ortiz Cassiani

04 de junio de 2026 - 12:05 a. m.

En el momento en que tecleo estas líneas van apenas tres días de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia y ya tenemos sobre abundancia de sesudos análisis políticos. Alguien, incluso, pronosticó que Abelardo de la Espriella sería el nuevo presidente de Colombia, que el candidato encarnaba el comienzo de una nueva era política y le dio la extrema unción al uribismo. Los análisis son apenas lógicos, sobre todo si nos atenemos a que fueron precisamente las apuestas previas de los politólogos las que quedaron en ridículo con los resultados. Pero vamos a calmarnos.

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Los votos están allí y el panorama no es muy diferente a lo que ocurrió con la elección de Gustavo Petro como presidente de la nación en las pasadas elecciones. Hablar de una nueva era política representada por De la Espriella es apresurado cuando la que comenzó con la elección de Petro apenas comienza. Evidentemente, De la Espriella es una figura joven, con una apuesta mediática agresiva, que se encarama como un referente de la derecha con el desgaste natural de la figura de Álvaro Uribe por el paso de los años. Pero está más cerca de Uribe de lo que él mismo se quiere mostrar o de lo que quiere que creamos. No nos olvidemos que hace varios años, cuando era una figura todopoderosa, Uribe popularizó en Colombia la idea de que no se podían poner los huevos en una sola canasta; tampoco nos olvidemos que su guiño por Paloma Valencia generó un cisma en el Centro Democrático que, por supuesto, como lo mostraron los resultados, aprovechó Abelardo de la Espriella, pues una gran mayoría de los votantes de ese partido recalaron en su movimiento. No me van a decir que un zorro político como Uribe no sabía eso. Por supuesto que lo sabía, y a la canasta de De la Espriella trasladó varios de sus huevitos. Uribe sabe que el control, como en otros tiempos, ya no es suyo, pero también sabe que no puede dejarle su situación judicial a la presidencia de su máximo acusador.

Así las cosas, la gran derrotada es Paloma Valencia y, por supuesto, Juan Daniel Oviedo. Con Oviedo, Paloma intentó dar una muestra de su supuesta apuesta por el centro, y Oviedo –engolosinado con los interesantes resultados que obtuvo en la consulta–, mordió el anzuelo. Su cara, mientras Valencia reconocía la derrota en un auditorio prácticamente vacío, fue la muestra clara de que sabía que se había equivocado. En el fondo Juan Daniel Oviedo sabe que el fracaso electoral de la fórmula de la que hacía parte no es ni la homofobia ni el patriarcado, sino la misma traición al interior del uribismo y las prácticas de avicultura política de su máximo líder.

Los votos de Iván Cepeda para frenar a De la Espriella están ahí. Pero para conquistar a los abstencionistas y al voto en blanco no es necesario desgastarse en seguir llamando bandido y abogado de la mafia a De la Espriella. Sus electores lo saben, y quizá es precisamente esa pinta de bacán, mafioso, tomador de whiskys caros lo que los atrae. Lo que sí es necesario es la negociación y los acuerdos, llevados de la mejor manera posible, con humildad, y sin pasarse cuenta de cobro, para ganarse los votos de Fajardo y de Claudia López; y también los de Oviedo, que quizá sea la oportunidad para este último de recuperarse de su error político. Aprovechar que ninguno de ellos –eso creemos–, tiene el estómago para irse con alguien como Abelardo de la Espriella.

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