Con la estela de muerte que dejó la peste negra de 1348, muchas de las suntuosas mansiones de Florencia quedaron abandonadas. En el Decamerón, Boccaccio se lamenta: “¡Oh, cuántos grandes palacios, cuántas hermosas y bien edificadas casas, cuántas nobles habitaciones y moradas, llenas y pobladas de nobles moradores y grandes señores y damas, de los mayores hasta el menor servidor quedaron vacías y solas!”. En Diario del año de la peste, Daniel Defoe cuenta cómo –en la salida masiva de la gente de Londres huyéndole a la peste que asoló la ciudad en 1665– el rey Carlos II se fue a Oxford con toda su corte y el palacio de Whitehall,...
Conoce más
Temas recomendados:
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
