En 1872, el andaluz Ramón Ortega y Frías, publicó la novela La gente cursi. Novela de costumbres ridículas, en la que dijo –a propósito del arribismo de la clase media en ciernes en España–, que la cursilería era una enfermedad de origen público. Creo que en la última noción tiene toda la razón: por supuesto que la cursilería se ejerce con relación a otros. El baño y el espejo a lo sumo se usan para practicar en soledad los ademanes de lo cursi, pero una vez somos capaces de soportarnos en soledad nuestra propia cursilería, es en la interacción con los otros, es decir, en la dimensión pública, que ésta cobra sentido. Sobre...
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