Tratemos de entender esto. El audio que escuchamos el otro día en el que María Fernanda Cabal se despacha contra el presidente Duque fue algo preparado que dejaron filtrar a los medios en la coyuntura de las futuras elecciones como estrategia para despintar a un partido de la pésima administración presidencial. Me niego a creer que, con toda y su escasez en la comprensión de las doctrinas políticas y su historia, Cabal crea en serio que José Obdulio Gaviria es marxista o que Duque es un liberal de izquierda. No tengo dudas de que el país le cree a Cabal cuando dice que era un “huevón que trabajó en Washington toda la vida y le cargaba la maleta a Uribe cuando iba de viaje”, pero lo otro son afirmaciones que combinan tanta estupidez y maldad que resultan demasiado inéditas como para creerlas.
Los de la estirpe de Uribe suelen tener impreso en letras de molde en algún lugar de la existencia el dicho que dice que al marrano lo capan una sola vez. Cuando Uribe eligió a Duque tenía perfectamente claro y tomó todas las precauciones para que algo como lo que le ocurrió con Santos no volviera a pasar. Más allá de excederse en pases de baile, en el guitarreo y los malabares con el balón de fútbol en el estadio Santiago Bernabeu, Duque estuvo asesorado y controlado por su mentor. De modo que no es creíble esa imagen de Uribe como abuelo bien intencionado asaltado en su buena fe. Uno puede entender que el Centro Democrático no es una cosa política totalmente homogénea —hay algunos con más diarrea mediática que otros, por ejemplo—, pero en lo fundamental sus movimientos son tan acompasados como los de un cardumen de peces.
Duque hizo lo que su partido quería que hiciera: hizo todo lo que pudo para hacer trizas el Acuerdo de paz y se portó supremamente generoso con los bancos del país —quizá habría que concederle a Cabal que acertó en lo de la relación del presidente con Fabio Echeverri—. Si algo logró que el proyecto no se aplicara más a rajatabla fue el estallido social de los jóvenes de la nación que, hay que decirlo, fue reprimido con desmedida brutalidad. Porque incluso sus coqueteos con el Acuerdo de paz en escenarios internacionales y la foto con la JEP obedecen más a estrategias desesperadas de último momento ante una imagen totalmente deteriorada.
En la actual coyuntura electoral Uribe está poniendo los huevitos en varios lugares. Sabe que no tiene chance con ninguno de los del partido que inventó. Le va a apostar a Federico Gutiérrez, al mismo Álex Char y sobre todo a Rodolfo Hernández. Y para eso todo cuenta, incluso despintarse de gente de su propio partido como lo hizo Cabal cuando se mandó en contra del presidente Duque. “No hay nada que hacer hasta que no se largue —dijo María Fernanda Cabal—, o ganamos nos vamos a la mierda todos”, remató la conversación con el coronel retirado. No es un detalle menor que Cabal haya mencionado la prisión domiciliaria de Uribe y reprochara que precisamente sucedió en el gobierno de Duque. Eso, la prisión, es lo que más desvela a Uribe ante un cambio de gobierno. Están desesperados y asustados. Pero los sustos de cierta gente pueden llenarnos de miedo.