Para nadie fue un secreto el fastidio que generaron los rostros negros chambaculeros, a pocos metros de las murallas, en la Cartagena con pretensiones turísticas de los años 50. En 1971 los sacaron de su territorio, de la tierra donde habían armado sus casas, sus días, donde mataban el hambre y eran felices y tristes, y los mandaron para los márgenes de la ciudad, a los lugares donde Cartagena envía sus despojos.
Libres de la algazara de los chambaculeros, Chambacú era recorrido por cangrejos y futbolistas de potrero, hasta que en 1993 el constructor Héctor García Romero le entregó al Instituto Nacional de Vivienda de Interés...
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