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26 Nov 2022 - 5:02 a. m.

La reconquista española

En el camino

"Gracias a las canciones de C. Tangana, El Madrileño, y su alegre comparsa del “Sin cantar ni afinar tour”, experimento una deslumbrante reconquista española. Lo digo como fan obnubilado, en nombre de las quince mil almas que alzaron sus celulares para grabar instantes de comunión con el artista el sábado pasado en el Movistar Arena de Bogotá, durante el cuadragésimo concierto de la gira, días después de estar en México y antes de seguir hacia Buenos Aires". En la foto: C. Tangana en Bogotá.
"Gracias a las canciones de C. Tangana, El Madrileño, y su alegre comparsa del “Sin cantar ni afinar tour”, experimento una deslumbrante reconquista española. Lo digo como fan obnubilado, en nombre de las quince mil almas que alzaron sus celulares para grabar instantes de comunión con el artista el sábado pasado en el Movistar Arena de Bogotá, durante el cuadragésimo concierto de la gira, días después de estar en México y antes de seguir hacia Buenos Aires". En la foto: C. Tangana en Bogotá.
Foto: David Micolta - Paramo Presenta

Tal vez les ocurra que no soportan ver una película extranjera doblada por españoles. Eso de que durante dos horas Robert de Niro o Brad Pitt le estén diciendo a uno pardiez, la hostia o me cago en Dios, no se lo aguanta nadie, tío. Deben ser rezagos de la conquista y la colonia, cuando el castellano tenía que sonar odioso a oídos de criollos, indígenas, afros y mestizos.

El modo como el idioma español se aclimató en América, generando registros del español antillanos, centroamericanos, andinos y australes, constituye uno de los enclaves lingüísticos más prolíficos del colonialismo europeo, comparable al surgimiento del portugués brasilero y del inglés y el francés norteamericanos. Neruda lo expresó así: “Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras”.

Este brote de antiespañolismo con respecto a los doblajes, advierto, no aplica para la literatura, la pintura o el cine. Mal haría uno en divorciarse de Cervantes, Goya, García Lorca, Buñuel, Gil de Biedma, Antoni Tàpies, Jorge Riechmann, Javier Marías, Almodóvar, Carmen Maura o Penélope Cruz.

Musicalmente, desde mi limitada experiencia personal, salvo por el monstruo Raphael, baladistas que conmovieron a mis padres, como Julio Iglesias, Manolo Otero o Camilo Sesto, me son ajenos. Aunque ame la canción “Si tú no vuelves”, no desfallezco por el Miguel Bosé de “Linda” o “Amiga” que tanto apasionaba a las chicas. Durante mucho tiempo, mis únicos vínculos con la música española fueron el Concierto de Aranjuez y los poemas de Miguel Hernández cantados por Serrat (para mi gusto, más contenido que el estentóreo Alberto Cortés y el locuaz Joaquín Sabina). El rock español pasó de largo por mis tímpanos: acuso una total ignorancia ante Los Toreros Muertos, Hombres G y Enrique Bunbury. Mecano y Rocío Dúrcal fueron golondrinas de un verano desértico.

Reavivé la conexión ibérica en la Medellín de los noventa, al contacto con músicos y bailarinas de flamenco que me revelaron el genio de Enrique y Estrella Morente, Camarón de la Isla, Ojos de Brujo, y, muy especialmente, la música de los cantaores granadinos Juan y Antonio Carmona, del grupo Ketama.

Ahora, casi treinta años después, gracias a las canciones de C. Tangana, El Madrileño, y su alegre comparsa del “Sin cantar ni afinar tour”, experimento una deslumbrante reconquista española. Lo digo como fan obnubilado, en nombre de las quince mil almas que alzaron sus celulares para grabar instantes de comunión con el artista el sábado pasado en el Movistar Arena de Bogotá, durante el cuadragésimo concierto de la gira, días después de estar en México y antes de seguir hacia Buenos Aires.

Siete de cada diez asistentes al evento eran menores de edad. Los cincuentones éramos la excepción, los dinosaurios de la fiesta. Una experiencia intergeneracional, como lo es la música de Tangana en su álbum El Madrileño, donde a sus treinta años alterna con músicos tan veteranos como Eliades Ochoa, José Feliciano, Omara Portuondo, Andrés Calamaro y Toquinho, entre otros, para mixturar el rap y el pop con el son cubano, el flamenco, la bachata, la bossa nova y el rock.

Acerca de qué lo llevó a proponerse crear algo así, Tangana ha dicho: “Me di cuenta de que había algo en lo tradicional y en la raíz que me estaba llamando. Vengo de la música urbana, pero toda la vida he escuchado música de todo tipo. No podía ser que estuviese toda la semana escuchando a Héctor Lavoe o a Chavela Vargas, y luego me subiera al escenario a gritar con autotune”.

En su registro para El Tiempo, Santiago Pinzón destacó a C. Tangana como el polémico español que puso a Bogotá a vibrar con el flamenco. Estoy de acuerdo: imposible no erizarse con la soberbia interpretación de “Tú me dejaste de querer” que nos brindó La Húngara. Tangana hizo lo propio en “Me maten”, que compuso con Antonio Carmona, y “Un veneno”, el hit inaugural de este proyecto, que fue cerrando el concierto.

La inusualmente apacible y cálida noche del 19 de noviembre constaté que C. Tangana es, como sostuve en octubre, un gran enlazador de mundos. Un hábil director de orquesta capaz de fusionar artistas, épocas, continentes y géneros, un virtuoso en reinventar el pasado y proyectarlo al futuro. El principal baluarte de la reconquista musical española.

John Galán Casanova

Por John Galán Casanova

Poeta y ensayista bogotano. Premio nacional de poesía joven Colcultura, 1993. Premio internacional de poesía "Villa de Cox", 2009.
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