26 May 2021 - 3:00 a. m.

El autogolpe ya empezó

Una pregunta recurrente en encuestas de opinión es: “Si la elección fuera mañana, ¿usted por cuál de estas opciones votaría?”.

Si hay alguien convencido de que hoy la respuesta por inmensa mayoría señala a Gustavo Petro, es la revista Semana, dirigida por alguien a quien ya no se le puede atribuir el título de periodista, Vicky Dávila. Menos después de su última carátula, donde prácticamente da carta blanca para que cualquier fanático uribista u organización paramilitar de extrema derecha decida atentar contra la vida de este dirigente de izquierda.

Una portada a todas luces irresponsable y temeraria, de catadura criminal, pues escarba en las más bajas pasiones humanas para incitar al odio de la población contra el objeto de su inquina. Su llamado suplicante “¡BASTA YA!” es el de quien se arrodilla para rogar piedad a un ser tiránico, imbuido en la sevicia de su maldad. Esa tapa es el llamado de quien quiere sembrar miedo… para vender seguridad.

Estamos ante una infamia, un libelo contra la dignidad de un ser humano, algo que es de suponer daría cuando menos para un carcelazo. Aquí o en Cafarnaúm. Por el vil señalamiento y porque le mete gasolina a la hoguera de las pasiones políticas cuando encima del rostro de Petro aparece en agresivas mayúsculas: “COLOMBIA, AL BORDE DE LA QUIEBRA”. O sea, Petro es el culpable de que Colombia está al borde de la quiebra y debemos pedirle que se apiade.

Ese mismo carácter difamatorio hace pertinentes las acciones judiciales que se adelantarán para “salvaguardar los derechos vulnerados de Gustavo Petro”, según comunicado de impecable redacción —¡por fin!— de la dirección de comunicaciones de Colombia Humana, ahora a cargo de la talentosa periodista barranquillera María Antonia (Nany) Pardo, sometida injustamente al escarnio público por una declaración apresurada y sacada de contexto.

Volviendo a la carátula infame, es si se quiere comprensible la reacción de Semana, pues se metamorfoseó en portaestandarte ideológico de una extrema derecha rabiosa y dispuesta a saltarse todos los límites con tal de lograr sus propósitos. Son ellos en últimas los que tienen miedo, saben lo que les corre pierna arriba, no solo a doña Vicky y a esa familia de banqueros y vendedores de sillas Rimax sino a todos los uribistas —desde el jefe del subpresidente Duque hacia abajo, sin excepción— si Gustavo Petro conquista la Presidencia de la República el año entrante.

En coincidencia cronológica con la portada denigrante, está la entrevista fingida que la Presidencia puso a rodar el domingo pasado, con Duque respondiendo en inglés a un medio internacional inexistente, en algo que Daniel Coronell llamó “una larga letanía que nadie contradice, donde el mandatario culpa al candidato derrotado hace casi tres años (Gustavo Petro) de la situación que está viviendo el país”. (Ver columna).

Llegados a este escenario mediático, imposible pasar por alto la consigna de Joseph Goebbels en su ideario de la propaganda nazi: “Hay que hacer creer al pueblo que el hambre, la sed, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores”. Lo dijeron y lo hicieron, el pueblo alemán les creyó y pagaron las consecuencias. Y de ningún modo resulta exagerado comparar la situación actual con la Alemania nazi, pues en la misma dirección se sienten, cada vez con más vivo resuello, pasos de animal grande. Y salvaje.

Así lo advierte Hernando Gómez Buendía cuando identifica “un factor que inclina la balanza hacia la mano dura: Álvaro Uribe, que estaba acabado porque las Farc se acabaron hace tiempo, puede resucitar ahora como símbolo del orden (…) y ya comienza a ejercer un gobierno paralelo que, por ejemplo, habla directamente con los mandos militares”. (Ver columna).

Este gobierno paralelo comenzó a sentirse en forma de “simbronada” (sic) cuando el Gobierno le encargó al general Eduardo Zapateiro la “asistencia militar” requerida para el restablecimiento del orden público en Cali y alrededores, y este prometió que renunciaba a la comandancia del Ejército si en 24 horas no cumplía la orden, pero, según el sarcástico Julio César Londoño, “48 horas después renunció a renunciar”, y en lugar de ordenar desordenó todo. (Ver columna).

Contrario al restablecimiento del orden, lo que quizás se está aplicando lo habría percibido el alcalde de Yumbo, Jhon Jairo Santamaría, en entrevista para El Unicornio: “Hay algo oscuro aquí, no quieren dejar que el diálogo sea la solución al problema”. (Ver entrevista).

Llámese mano negra, llámense fuerzas oscuras, estamos en las peores manos. Y a estas lo que menos se les nota es una actitud en defensa de las instituciones, parecen más bien dedicadas a aplicar la tesis marxista de “agudizar las contradicciones”, a desmoronar la institucionalidad desde adentro, propiciando una situación de caos que justifique la adopción de medidas radicales.

¿Qué clase de medidas radicales? Las que estamos viendo: el Esmad reprimiendo con fuerza bruta, policías disparando a diestra y siniestra como si hubieran recibido la orden de matar para “disuadir”, civiles efectuando capturas en compañía de uniformados, más de 500 desaparecidos.

Si pidiesen pruebas de la barbarie, está el video de El País de España que muestra cómo un policía asesina de un disparo a Santiago Murillo, de 19 años, el primer día del paro. Y cómo otro agente dispara por la espalda contra un joven de 17 años, quien falleció al instante. (Ver video de El País).

Es tétrico lo que está pasando, para acabar de completar con la anuencia, omisión o complicidad de una poderosa tenaza de medios que solo divulga la narrativa del “vandalismo” y prefiere permanecer ajena a la máquina del terror (de Estado) que se ha desatado a todo nivel.

En medio de tan ominoso panorama, la pregunta del millón sería: ¿estamos próximos a un autogolpe o… el autogolpe hace rato empezó y nos lo están metiendo por el orto, sin vaselina?

@Jorgomezpinilla

http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/

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