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18 Jun 2022 - 5:00 a. m.

En defensa de la Constitución

Muchas cosas están en juego en estas elecciones, pero considero que la más importante es la preservación y desarrollo de la Constitución de 1991.

La propuesta de Gustavo Petro, en el fondo, es el desarrollo de la Constitución de 1991 con retórica grandilocuente, que es el lenguaje usual de las campañas políticas para mover emociones y diferenciarse de otros candidatos. Los señalamientos de tener un programa que llevaría a Colombia al socialismo son infundados, pero también hay que decir que Petro llega un poco tarde al discurso de defensa de la Constitución, al menos en esta campaña. Eso de pasar de ser el candidato antisistema al que defiende las instituciones no es fácil de procesar para muchos.

Es necesario recordar que la Constitución de 1991 surge en el contexto de la reconfiguración institucional que se dio al inicio de la década de los noventa del siglo pasado ante el desafío narcoterrorista, y como resultado natural de los procesos de desmovilización de finales de los 80 en los que participó el entonces M-19, al que perteneció Petro. La entonces Alianza Democrática presidió la Constituyente junto al Partido Liberal y el Movimiento de Salvación Nacional, y dejaron construido un escenario de encuentro y de reconciliación como país que se ha ido desgastando. Colombia, más que una sociedad polarizada, es una sociedad fracturada incapaz de construir mínimos para avanzar en medio de las diferencias.

Algunos consideran que en la Constitución hay una contradicción esencial entre un modelo económico ultraliberal y un Estado de bienestar para lo cual no hay recursos suficientes, y que el modelo que propone Petro es más Estado y más gasto público, y el de Hernández, un Estado austero ―en el que no se roben la plata― que permita las condiciones para generar empleo. Esto claramente es una burda simplificación. Una economía de libre mercado no es incompatible con una estructura institucional de protección y garantía de los derechos, como lo han demostrado los países nórdicos, y acá mismo en América latina, Costa Rica y Uruguay. La Corte Constitucional ha dado línea en esa dirección ante la inactividad de gobiernos y Congresos.

En la Constitución están las claves para avanzar hacia una sociedad más incluyente que traiga prosperidad para la mayoría, donde el acceso a la educación en todos sus niveles y a la salud no reproduzca esas desigualdades que se vieron de manera dramática durante la pandemia. Una sociedad en la que los grupos más vulnerables encuentren un apoyo del Estado sin que ello inhiba el emprendimiento empresarial y la generación de empleo, y donde la superación de la pobreza sea un propósito estatal de largo plazo.

Rodolfo Hernández es el producto de una estrategia de marketing que encontró el establecimiento político y económico para impedir que Gustavo Petro llegue a la presidencia, ante el declive del uribismo que fue incapaz de presentar un candidato competitivo, la ausencia de un programa claro hará que termine de rehén de las fuerzas políticas que él dice enfrentar ―cómo no pensar en Bolsonaro― y que han impedido un desarrollo profundo del ideario de la Constitución. Su amenaza de gobernar por conmoción interior, su desprecio por el cumplimiento de la ley en lenguaje soez e inapropiado – cómo no pensar en Bucaram-, indican que el respeto a las instituciones entendidas como reglas de juego, no está entre sus prioridades, y esa siempre ha sido nuestra salvaguarda como país: aún en los momentos más difíciles, el respeto por las reglas democráticas y la prevalencia del Estado de derecho nos han sacado de la crisis. Su desconocimiento de los asuntos de Estado, su condición de aprendiz ―es inevitable no recordar a Trump― y los desafíos que debe enfrentar el próximo gobierno exigen algo más que un outsider bien vendido que logró conectar con la indignación legítima contra la corrupción y la clase política que la reproduce.

Pienso que Gustavo Petro ha entendido lo que implica un gobierno que desarrolle los aspectos más garantistas de la Constitución, que la aplicación de esta inhibirá cualquier aventura autoritaria, que ha demostrado capacidad de aprendizaje y entiende la necesidad de construir consensos, que no quiere dinamitar la institucionalidad ni perpetuarse en el poder.

Por estas razones, este domingo mi voto será por Gustavo Petro y Francia Márquez.

@cuervoji

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