Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En primera vuelta se votó a la contra. Contra el uribismo, contra el gobierno de Iván Duque, contra la clase política, contra el establecimiento, como coletazo de las protestas sociales. La derrota de Federico Gutiérrez, candidato que apoyó el uribismo y el gobierno, refleja ese sentimiento y, de paso, dejó a la derecha sin un panorama político claro.
El respaldo del gobierno, vía la indebida intervención en política del presidente Iván Duque, — quien rompió una tradición de neutralidad del poder presidencial— terminó por hundir a un candidato que no tuvo el peso intelectual ni político para representar los intereses de quienes lo apoyaban.
En segunda vuelta también se votará contra el establecimiento, la clase política y, especialmente, contra Petro. Rodolfo Hernández, la gran sorpresa de estas elecciones, se ha apoderado de buena parte del rechazo de esa ciudanía indignada que pide no se roben la plata y dejen trabajar, lo que llamaríamos el rechazo no-ideológico, que se mueve más en el ámbito de las emociones y de la indignación, similar al rechazo que llevó a Trump a la presidencia en Estados Unidos.
Con esa emoción potenciada estratégicamente en redes sociales y el hecho de ser el factor para derrotar a Petro, el ingeniero puede llegar a la presidencia. Pero Hernández en sí no es un candidato ni representa un proyecto político, es un producto de marketing que ha sabido ser bien vendido, como lo señala la coordinadora de redes de la campaña Luisa Fernanda Olejua: “Rodolfo Hernández es un muy buen producto y nosotros lo vendemos”; y es la misma idea del estratega de la campaña, el argentino Ángel Becassino, quien ha logrado tomar la figura del ingeniero que dice las cosas de frente, sin artilugios, en un lenguaje directo, sencillo y vulgar, y conectar fácilmente con la gente, esa que quiere un cambio, pero que teme que con Petro ese cambio sea muy disruptivo, en fin un cambio a la colombiana.
Su programa de gobierno se escribe todos los días en hilos de Twitter en función de la coyuntura, su desconocimiento de los temas básicos del funcionamiento del Estado es pasmosa, sus anuncios de gobernar por conmoción interior, su retórica misógina, su irrespeto con la ley y el maltrato constante a periodistas y opositores no han sido suficiente para impedir que la mayoría de la clase política —que él dice enfrentar— lo apoye en segunda; y claro, el uribismo derrotado que encuentra una nueva oportunidad de reciclarse, mas todos aquellos que defienden ideas de buen gobierno, los tecnócratas de siempre que se adaptan siempre, porque todos tienen una fuerza poderosa que los aglutina y borra todas las diferencias que puedan existir entre los hermanos Galán, Néstor Humberto Martínez, Álvaro Uribe, María Fernanda Cabal, Fernando Londoño, como es el rechazo a Gustavo Petro, el monstruo que ha construido el establecimiento político para impedir un gobierno de izquierda.
Hernández ahora es el instrumento para ello, no importa que su gobierno luego sea un desastre, como se puede advertir de sus anuncios y de la falta de una visión de sociedad que se deriva del cascarón que es su campaña.
Como en segunda vuelta también se vota a la contra, Gustavo Petro se quedó sin discurso y sin narrativa, pues con el antiuribsimo no le alcanza. La defensa de la Constitución de 1991 desde un proyecto político de izquierda democrática es su apuesta, un giro estratégico en el que lo acompañan figuras importantes del establecimiento, toda una paradoja a estas alturas del debate.
¿Le alcanzará para conectar con escépticos e indiferentes y revertir la tendencia, o tendrá que aplazarse otros cuatros años la agenda de reformas que reclama un sector de la ciudadanía que considera que se puede vivir en una sociedad más próspera e incluyente, en sintonía con esa Constitución que se originó en un pacto entre tres fuerzas políticas, dos de las cuales se van con quien ha anunciado que no la respetará?
Usted con su voto decide qué camino tomamos.
