La cancha de El Campín está, hace ya meses, hecha un chiquero. Recuerda a aquellos campos de Chigüiros, por los lados de la 26 hacia el aeropuerto, donde miles de jóvenes bogotanos debutaron con el balón en medio de turupes, pasto alto y charcos. La culpa es de los conciertos. Los más insensibles con el fútbol retan a los equipos de Bogotá a hacerse su propio estadio. Olvidan, que buena parte de los estadios del mundo han sido construidos con algún tipo de ayuda estatal.
Escribí hace unos meses que Bogotá estaba condenada a vivir sin un escenario apropiado para el fútbol. La APP mediante la cual se el entregó El Campín y el futuro estadio a una empresa privada se diseñó primordialmente con criterios financieros. El inversionista debe recuperar el dinero que invirtió, y eso lo hace utilizando el estadio, si es posible, todos los días. Bajo ese escenario, no hay forma de garantizar que el estadio tenga una grama aceptable para los partidos de fútbol.
En el estadio de Bogotá, el fútbol debería tener prioridad, como sucede con los estadios del mundo donde prestan el escenario para conciertos. Ni en Buenos Aires, ni en Madrid, ni mucho menos en Londres, la realización de conciertos termina en partidos de fútbol jugados sobre una hierba destrozada.
Además de defender la necesidad de un escenario para conciertos, que comparto, no pocos analistas responden afirmando que al ser entidades privadas los clubes deberían construir su propio estadio. La verdad es que Millonarios y Santa Fe deberían haber pensado en esa opción hace años y promoverla antes de que se expidiera el actual POT en 2021. Actualmente sería muy difícil construir ese estadio en Bogotá y hacerlo afuera, con la movilidad de la ciudad, sería un suicidio económico.
Construir un estadio es costoso por lo que buena parte de los grandes clubes del mundo han contado con ayuda oficial. Más allá de los estadios estrictamente municipales, el Estado colabora, generalmente donando terrenos o mediante préstamos favorables. El Estadio de River Plate recibió unas hectáreas para complementar lo que tenían. Los terrenos del estadio actual del Atlético de Madrid están cedidos al club colchonero por 75 años. Al Madrid, el Barça y el Valencia les recalificaron los terrenos (modificaron el POT) para favorecer a los clubes. Otros, como Racing de Avellaneda, recibieron un préstamo oficial para pagar en 65 años. Incluso el Manchester City ha contado con ayuda pública, y actualmente el club tiene un contrato de arrendamiento por 250 años pagando unos £3 millones de libras al año.
En Bogotá, en los años 90, la alcaldía de Jaime Castro entregó unos terrenos por el Simón Bolivar tanto a Millonarios y Santa Fe. No mucho después, sin embargo, debieron devolver esas tierras. De cara al POT que debería entrar en vigencia en 2035, los equipos bogotanos deberían coordinarse para poder construir un estadio de fútbol administrado por ellos. Mientras tanto, estaremos condenados a la protesta permanente.