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El presidente de la Dimayor renuncia el 30 de noviembre de 2022. El próximo presidente, excluyendo a Claudia Guerrero, encargada en 2018, será el cuarto desde 2015. La falta de un proyecto estructural, entre otras cosas, ha evitado que la entidad haya explotado su mayor potencial: es un cartel legal.
Los carteles en economía son estructuras empresariales mediante las cuales dos o más empresas coordinan acciones que las lleven a mejorar sus beneficios. La acción más común es restringir la producción para incrementar precios. A los economistas los carteles nos preocupan porque los mayores precios provienen de una intervención privada del mercado, lo que conlleva reducciones del bienestar de los consumidores. De ahí que sean ilegales.
Pero no todos son ilegales. Por ejemplo, aquellos de índole trasnacional. Colombia, hasta su disolución en 1989, formaba parte del cartel del café, denominado Acuerdo Internacional del Café. Aquel era tan particular que incluso los principales países consumidores hacían parte del mismo. Otros carteles reconocidos son la Organización de Países Exportadores de Petróleo y el de los diamantes, que durante décadas controló el grupo De Beers.
La economía del deporte destacó hace décadas la particular estructura de mercado de las ligas deportivas. Los clubes se necesitan entre sí, compiten deportivamente, pero la industria no existiría si no coluden organizando el torneo. Así, desde 1922 el béisbol norteamericano está exento de todas las normas antimonopolio. En las demás ligas, en general, tanto en EE.UU. como en Europa, la exención no es completa, pero el regulador de la competencia entiende la particularidad de la industria, otorgándole un tratamiento favorable.
El punto central es que las autoridades de competencia permiten en Colombia y en todo el mundo que los clubes deportivos se reúnan para coordinar acciones que permitan desarrollar su industria. El objetivo, sin afectaciones del bienestar de los consumidores, es que la industria deportiva florezca beneficiando a todos sus miembros. Ahora, sostener un cartel no es sencillo. Se necesita una gran coordinación, además de mecanismos de castigo creíbles y realizables que garanticen que se cumplan los compromisos. Por supuesto, cuanto más miembros tenga un cartel, más difícil se hace el proceso de coordinación.
Visto desde afuera, se intuye que en la Dimayor los intereses individuales de corto plazo prevalecen sobre los grupales de largo plazo. La coordinación, fuente de riqueza, brilla por su ausencia. En efecto, la historia de los carteles demuestra que uno bien estructurado aumenta los beneficios. No en vano, en la Premier League, un cartel notoriamente bien manejado, el equipo que menos recibió dinero en la temporada 21/22, £100 millones, sería el octavo presupuesto de la Liga española. Es decir, ayudaría que desde la presidencia de la Dimayor se motivara, diseñara e implementara un proceso de coordinación colectiva con los incentivos adecuados para incrementar los ingresos a todos sus miembros respecto de sus niveles actuales. Sería un objetivo loable del presidente entrante.
