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En el Sudamericano de Guayaquil (Ecuador), en 1947, Colombia jugó siete partidos. En los primeros cinco encuentros fue incapaz de anotar un gol. La racha se rompió ante el combinado de Perú en la derrota 1-5. En el último partido también marcamos y también nos golearon. Esta vez Chile, 1-4. Evidentemente quedamos de últimos. Pero en aquella época en Colombia ni siquiera había un torneo de clubes estructurado. Hacía menos de una década que la selección se había estrenado internacionalmente. Hoy la realidad es distinta.
Desde aquella Copa América de 1987 celebrada en Argentina (el antiguo Campeonato Sudamericano), Colombia se ha labrado un prestigio que tilda a nuestro fútbol de técnico y alegre. Sin haber logrado grandes hazañas universales, y con muchos altibajos, mal que bien, el fútbol colombiano es respetado en el continente. Tristemente, estas eliminatorias dejan una imagen muy pobre de nuestro balompié.
Quedar eliminados no es motivo de escándalo. Es relativamente común en nuestra historia. Estuvimos fuera entre el 2002 y el 2010. Duele la forma. Si bien la juventud no es la misma, tenemos aún grandes futbolistas que triunfaron y nos hicieron vibrar en la Copa de Mundo de Brasil 2014. Pero esa experiencia se utilizó mal.
Queiroz, el entrenador que empezó las eliminatorias, salió en extrañas circunstancias. No fue normal el fútbol que se hizo durante las derrotas ante Uruguay y Ecuador en ese fatídico noviembre de 2020. El 0-3 ante Uruguay y el 6-1 ante Ecuador fue excusa más que suficiente para que se fuera Queiroz. El hombre se fue para Egipto y allá se jugará ante Senegal la clasificación al Mundial de Catar.
Aquí, mientras tanto, se trajo a Reinaldo Rueda. Para que un entrenador sea nombrado seleccionador nacional exigen experiencia con selección, idealmente mundialista. Así, por supuesto, el abanico se encoge. Tite, Scaloni o Gareca, en su momento, no calificarían.
Los criterios para traer a Rueda no habrán sido cuantitativos. Ya en 2006 había sido incapaz de clasificar a Colombia al Mundial de Alemania. Rumbo a Catar, tenía a Chile de sexta, eliminada. Más importante, el fútbol de Rueda siempre fue opuesto a esa alegría e intención ofensiva que habíamos construido a lo largo de los años.
El resultado no puede ser más decepcionante. No solo estamos fuera del Mundial, sino el espectáculo futbolístico es deplorable. Dependíamos de un entrenador que antes del fatídico partido ante Perú sacaba pecho porque había logrado poner al equipo cuarto, así fuera gracias a una milagrosa combinación de resultados de un equipo que entonces ya llevaba cinco partidos sin marcar. Entre aquella revuelta a Queiroz, cuyas causas nunca conoceremos a fondo, y una pobre dirección, el resultado es un equipo que lleva seis partidos sin anotar un gol. Y 1947 está lejos.
Nota: al escribir estas líneas no estamos matemáticamente eliminados. Me encantaría que me recordaran esta entrada en un futuro próximo. En tal caso, a Catar tocaría ir con un entrenador diferente a Rueda.
