Europa está escandalizada con el dinero que llega de Arabia Saudita, especialmente en España, pues Gabri Veiga, de 21 años, decidió fichar por el Al-Ahli en lugar de irse a Nápoles a jugar la Champions League.
La historia se ha repetido miles de veces. Un joven talento que apenas despunta se baña en oro lejos del hogar. El aspecto deportivo pasa a un segundo plano.
Veiga jugaba en el Celta de Vigo, un equipo menor de la Primera División española. Con apenas unos partidos en primera, 11 goles y una discreta actuación en el Europeo sub-21, donde no logró la titularidad, Veiga había pasado de ser un prospecto de crack a un joven apenas con un futuro prometedor. Su salario en el Celta ya era de 400.000 euros al año. Un mundo de plata para la mayoría de mortales, pero modesto en las grandes ligas.
Los equipos que en gran número se interesaban por él antes del verano dejaron de tocar la puerta tras el Europeo. Sin embargo, en Nápoles, el flamante campeón italiano, vieron más y decidieron apostar por la joven perla. A Italia iría a recibir 2,2 millones de euros por temporada. Un gran manojo de dinero, aun en el mundo del fútbol europeo.
Entonces tocaron la puerta desde Arabia. El Fondo Soberano de Arabia Saudí, dotado con más de US$600.000 millones, adquirió hace no tanto el 75 % de los cuatro principales equipos de la Liga árabe. Desde allá ofrecieron al Celta los 40 millones de euros necesarios para romper el contrato con el Celta y 40 millones de euros por tres años al jugador. Es decir, algo más de cinco veces que lo que ganaría en el sur de Italia.
Kroos, el crack del Madrid, lo tildó de vergonzoso. La prensa le siguió. No aceptan que un joven talento se vaya de Europa, así sea por más dinero, sacrificando su carrera deportiva.
Olvidan en Europa, especialmente en España, que esa sangría es la que llevamos sufriendo en América Latina, especialmente desde la Sentencia Bosman en los años noventa.
Para nosotros fue un honor que Edwin Arturo Congo fichará por el Real Madrid. Pero no jugó un partido oficial con los blancos. Él seguramente hizo dinero, pero deportivamente su carrera prácticamente se acabó a los 23 años.
Más recientemente Óscar Cortés, de Millonarios al Lens. Apenas unos partidos en primera división y los euros se lo llevaron a Francia. Aún está por ver cómo evoluciona su carrera, pero pasó de jugar todos los domingos y miércoles a entrenar en Francia.
Es loable que los futbolistas hagan dinero, pero no a costa de que muchos de sus buenos exponentes se queden sin jugar.
Para casos como el de Cortés sería más productivo para la industria que jugara. En ese sentido, la FIFA debería limitar el número de futbolistas que un mismo club pueda tener en nómina. Para el caso de Veiga, poco que hacer. Solo decir que así se siente, y duele.