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Incluso desde que decidió no participar en el Mundial de 1930, Italia es historia de los Mundiales. Entonces pretendía ser sede. Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces. Hoy Italia llora la eliminación ante Macedonia del Norte.
Hasta Rusia 2018, este país solo había sido eliminada en una ocasión. Camino a Suecia 1958, Italia, que ya había perdido en su visita a Portugal, apenas necesitaba un empate en Irlanda del Norte. El partido, que debió disputarse en diciembre de 1957, tuvo carácter amistoso porque los árbitros húngaros nunca pudieron llegar a Belfast atrapados por la neblina londinense. Cuenta la leyenda que algunos jugadores italianos nunca entendieron que dicho partido era amistoso. El empate final habría bastado para clasificar al Mundial de Suecia.
El cotejo real se disputó en enero de 1958. Entonces Irlanda del Norte derrotó 2-1 a Italia. Sería el primer Mundial sin italianos desde 1930, además de la única ocasión a la fecha que han clasificado las cuatro selecciones de la Gran Bretaña. En aquella eliminatoria, Italia alineó a varios oriundi, nacionalizados italianos, destacando por encima de todos Schiaffino y Ghiggia, héroes uruguayos en el Maracanazo de 1950.
Fuera de 1958, llegó luego el fracaso en el Mundial de 1962, eliminados por Chile en la famosa batalla de Santiago. El diagnóstico italiano fue claro: cerrar las puertas a jugadores extranjeros. De poco serviría, pues Italia fracasaría rotundamente en Inglaterra 1966, entonces eliminados en primera ronda por una desconocida selección de Corea del Norte.
Es natural que las grandes eliminaciones lleven a replantearse el modelo. Italia, sin embargo, volvió a abrir las fronteras y fue entonces cuando escribieron las páginas más gloriosas del fútbol transalpino, siempre con permiso del equipo de los años treinta. Fue campeona en 1982 y 2006, subcampeón en 1970 y 1994, tercera en 1990 y cuarta en 1978.
En 2010 y 2014 fue eliminada en primera ronda. No la veremos en un Mundial hasta 2026. El diagnóstico de lo que le sucede no es sencillo. La mayoría apunta a la Serie A. Capello afirma que sus partidos son pocos fluidos, demasiadas faltas. Otros acusan falta de fuerza en ataque. Y es cierto, Italia, ayer y hoy, sigue siendo fuerte en defensa.
Mi hipótesis es que no ha sabido adaptarse al proceso de globalización que recorre Europa desde los años noventa, cuando se facilitó el flujo de futbolistas entre países. En los años 80, los mejores jugadores del mundo jugaban en Italia, incluyendo a los mismos italianos. El roce con los grandes los benefició.
Cuando en los 90 el centro del fútbol mundial emigró hacia Inglaterra o España, los italianos siguieron en Italia. Con ciertas excepciones, los grandes clubes europeos de los últimos 20 años, los no italianos, lo han sido sin italianos en su nómina. Además, solo dos equipos italianos ganaron la Champions en el s. XXI, el último en 2010. No han sabido adaptar las bases a la nueva realidad.
