La principal lección del Mundial 2026 es que ganó el fútbol. España triunfó con su fútbol de toque, movimientos coordinados y respeto por el balón. Es de admirar el respeto a una identidad que se perdió hace décadas en Sudamérica. Este mundial lo ganó, justamente, quién acarició más el balón.
Aprendimos también que el mediocampo sigue reinando en el fútbol. Francia era la obvia favorita. Tres estrellas alumbraban su ataque: Mbappe, Dembele, Olise. Pero, lejos está su medio campo de tener un mediocampista como Zidane. Y aún más lejos del glorioso cuarteto que deslumbró en 1982: Platini, Giresse, Tigana, Genghini.
España demostró, en aquella semifinal, que un gran mediocampo puede superar, casi con facilidad, a tres jugadores ofensivos, así sean superlativos. Sin gente que los alimente, arriba no generarán peligro.
Otra lección de España. En 2010 tenía dos futbolistas superlativos, quizás entre los 20 mejores de la historia: Xavi e Iniesta. El mejor jugador, a priori, quien esta llamado a marcar una época, Lamine Yamal, hizo un mundial apenas normal. Aparte de él, España carece de superestrellas. No hay troncos, por supuesto, pero se demostró que un gran entrenador, con grandes futbolistas y una identidad clara puede ganar justamente. Incluso humillar. Porque asustar a Argentina de la forma en la que lo hicieron en la final, negándoles hasta la posibilidad de un tiro al arco, sólo se hace cuando se tiene la sensibilidad que demostraron los hoy campeones del mundo.
Argentina, por cierto, sacó la cara por Sudamérica. Una tierra con historia, preocupante presente y futuro nublado. El mejor futbolista de la región tiene 39 años y no corre, camina. No vimos ningún futbolista suramericano que ilusione. Hay buenos futbolistas, por supuesto, pero no hay cracks de época.
América del Sur preocupa no sólo por la falta de grandes futbolistas. Hoy, casi, debemos llorar la falta de identidad. Brasil, quien fuera nuestra bandera hasta hace unos 20 años, tiene de entrenador a un italiano que hizo de italiano y achicó a Brasil hasta darle el balón a una novata Noruega.
Argentina, demostró garra. Fútbol también, pero sólo cuando el rival se dejó llevar por el nombre de Messi y el peso de la camiseta albiceleste. Inglaterra es el mejor ejemplo. Tras marcar el 1-0 optó por encerrarse y defender un exiguo resultado. Si a un genio le dan el balón, éste hará magia. España, por identidad y porque estudia, no les dio ese placer. Le pasó futbolísticamente por encima en la final, partido que seguramente fue el más cobarde de la ilustre historia futbolística de Argentina.
El resto de Sur América, tristemente, no mostró nada. Ecuador, Paraguay, Colombia, un par de victorias, unas rabietas, algo de fútbol y de garra, pero a la hora de la verdad, ninguno llega siquiera a cuartos de final. ¿A semifinales? Suena utópico. ¿Uruguay? Sigue engañada con sus “4 estrellas” y confunde fútbol con boxeo.
Ganó el fútbol, pero el fútbol pareciera estar abandonando Sudamérica.
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