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Columna de Jorge Tovar: Racismo

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Jorge Tovar
30 de mayo de 2023 - 12:51 a. m.
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Recuerdo cuando Higuita, enfrentando a Millonarios, salía a El Campín vistiendo la verde del Nacional. Estadio lleno, pocos con su personalidad. Él salía de primero, corriendo, hacia un bote “volador” hacia delante y terminaba levantando los brazos. Elástico y elegante como pocos, el estadio rugía en contra del loco. Los insultos de 30.000 mil hinchas llovían desde la tribuna.

Recuerdo esto a raíz de los gritos racistas a Vinicius Jr. (Real Madrid). El brasileño no los acepta porque, en efecto, son inaceptables. Antes el mundo era otro, y lo que propone el madridista es dar el siguiente paso evolutivo.

En aquellos años noventa sería sorprendente que Higuita se quejara por los insultos que bajaban desde la tribuna. Aun así, el mundo era ya un mejor lugar que lo que había sido décadas atrás. Hace algo más de 100 años había equipos de blancos y equipos de negros. Y cuando se cruzaban pasaban cosas hoy inconcebibles.

El América de Río, iniciando el S. XX, era un club de blancos, pero diferente a otros como el Fluminense. Este era un equipo de la élite, que, tras el partido de cada fin de semana, reunía en una fiesta a buena parte de la élite carioca que compartía con los jugadores. Un mulato, o un negro, podía ser hincha del Flu y verlo desde la popular, donde compartían con blancos de bajos recursos. Como si fueran a misa, y buscando la aceptación de las élites, se distinguían de los hinchas de otros equipos vistiendo sus mejores prendas.

América tuvo algo más de aceptación hacia los jugadores de raza negra. No sin problemas. Manteiga, estrella del América, fue un jugador negro que si bien pudo jugar en el equipo, no recibía el apoyo de la hinchada por su color de piel. Algunos compañeros, incluso, emigraron al Fluminense para no compartir con él.

Pero el caso más llamativo fue el de Carlos Alberto, mulato y de clase alta, quien jugó en el segundo equipo del América, donde pocos se percataron de su color de piel. Allí disfrutó con el balón y jamás se imaginó que necesitaba ser blanco para poder jugar en el primer equipo. Carlos Alberto, con otros jugadores (blancos ellos) del América, se fue a Fluminense, donde jugó en el primer equipo.

Al salir al campo, su preocupación era el saludo que harían a la tribuna principal, llena de caballeros y damas de la élite, quienes por supuesto esperaban futbolistas blancos. Para parecer blanco, optó por cubrir su piel de polvo de arroz que, a pocos engañaba, pero lo hacía sentirse aceptado por una hinchada poco proclive, entonces, a jugadores de color.

Hoy la historia de Manteiga o Carlos Alberto son inaceptables. Lo de Vinicius Jr., lo de Rodallega, lo de tantos otros tiene que ser inaceptable. El fútbol no es más que un reflejo de la sociedad. ¡Tenemos que evolucionar!

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Antonio(45414)30 de mayo de 2023 - 03:11 p. m.
No estamos evolucionado, estamos involucionando y no solo en la platanera, en todo el mundo.
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