El pasado 14 de enero de 2026, el mundo del fútbol recibió un nuevo recordatorio de su maravillosa irracionalidad. En la Copa del Rey, el Albacete —décimooctavo en la segunda división española con un valor en su plantilla de apenas €12,5 millones— eliminó al todopoderoso Real Madrid, valorado en €1.350 millones en Transfermarkt. La diferencia monetaria se esfumó en 90 minutos. Esta hazaña es la confirmación de una regla que la economía del deporte ha probado desde hace años: el fútbol es el deporte más democrático que existe.
La literatura en economía del deporte lleva décadas estudiando este fenómeno y los resultados son contundentes. A diferencia del baloncesto o el tenis, donde la acumulación de puntos reduce el impacto de la suerte, el fútbol presenta escasos “puntos”. Al ser el gol relativamente escaso, un solo evento aleatorio —un resbalón, un poste, una decisión arbitral dudosa— tiene un peso desproporcionado en el resultado final. Los estudios demuestran que, si bien en una liga larga el dinero suele comprar el éxito, en torneos cortos o de eliminación directa (tipo Copa), la probabilidad de que el equipo débil derrote al fuerte es matemáticamente superior a la de cualquier otro deporte mayor. La ciencia nos dice que David tiene herramientas reales para ganarle a Goliath.
Sin embargo, Millonarios, con un valor de mercado similar al del Albacete (€12,65 millones), representa una paradoja dolorosa. ¿Por qué la derrota internacional del equipo embajador parece un destino inevitable y no una variable estadística? Desde 2014, Millonarios ha disputado 35 partidos en copas internacionales, acumulando 14 derrotas y apenas 9 victorias. Lo grave no es perder; es contra quién se pierde.
La excusa suele centrarse en la brecha económica con los equipos brasileños, pero los datos desmienten esa coartada. No sólo pierde contra Flamengo o Fluminense, es que presenta desventaja con peruanos, chilenos, bolivianos y, cómo no, argentinos. Recordemos la eliminación ante César Vallejo de Perú en 2014, un equipo con una fracción de historia y presupuesto. O, más recientemente en 2024, la incapacidad de ganar un solo partido en un grupo donde competían Palestino de Chile y Bolívar de Bolivia. La “sorpresa” estadística siempre juega en contra.
Esto sugiere que el problema no está en la billetera, sino en la cabeza. Tristemente, esto no se circunscribe al equipo azul. No nos eliminan los millones de los rivales, nos elimina nuestra propia sumisión. El caso del Albacete tumbando al Real Madrid demuestra que la valentía táctica y mental puede compensar abismos financieros de más de 1.300 millones de euros. No hay diferencias financieras significativas contra un equipo peruano o chileno; hay es que administrar el miedo. Quizás es hora de dejar de escondernos en que “los de afuera son ricos” y superar la pobreza de espíritu. Nos falta, simplemente, la rebeldía para soñar y la capacidad para ejecutar.
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