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Terremoto, fútbol y resiliencia

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Jorge Tovar
18 de agosto de 2026 - 12:00 a. m.
Así quedó una de las casas de madera en Valdivia, Chile, tras el sismo de 1960.
Así quedó una de las casas de madera en Valdivia, Chile, tras el sismo de 1960.
Foto: Pierre St. Amand - NGDC Natural Hazards Slides with Captions Header - wikimedia commons
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Colombia acaba de sufrir un golpe de esos que marcan generaciones. Un terremoto no visto en décadas dejó cientos de muertos y miles de edificaciones destruidas o afectadas. El país se enfocó en salvar vidas: esas 72 horas clave que nos dicen los expertos. Después viene la recuperación. La historia del fútbol cuenta con alguna historia que demuestra cómo un país puede levantarse. Quizás ninguna como el camino al Mundial de Chile, 1962.

En 1960 la Tierra se movió, como nunca antes se registró, como nunca después se registró. El 22 de mayo, la escala alcanzó una magnitud de 9,5. El eje terrestre se movió 3 cm; las placas tectónicas, que normalmente se mueven 8 cm al año, se desplazaron 40 metros. El tsunami posterior alcanzó las costas de Japón. 2.000 personas perdieron la vida; 2 millones de damnificados.

Cuatro años antes, en 1956, en ardua competencia con Argentina, la FIFA le había otorgado a Chile la sede del Mundial de Fútbol de 1962. Mientras los gauchos, orgullosos de su infraestructura, se declaraban capaces de hacer el mundial inmediatamente, Chile basó su argumento en el compromiso de la FIFA de fomentar el fútbol en los países menos desarrollados, además de en su estabilidad política e institucional.

Tras obtener la sede, durante una entrevista, Carlos Dittborn, eventualmente organizador del Mundial, pronunció una frase para la historia: “porque nada tenemos, lo haremos todo”. Palabras que tendrían un significado completamente diferente después del terremoto de 1960.

El mundial se convirtió en una cuestión de orgullo nacional. La frase, símbolo de la resiliencia chilena, brilló orgullosa en las cuatro sedes del mundial. Talca, Concepción, Talcahuano y Valdivia, sedes originales, no estaban aún en condiciones de atender la cita mundialista. Antofagasta y Valparaíso desistieron de ser sede porque no lograron autofinanciar el estadio local. Así que el mundial giró hacia las localidades que consiguieron la financiación para preparar el estadio y la cita ecuménica. Arica, donde jugó Colombia, logró apoyo de la junta de desarrollo público regional; Viña del Mar, a través de la municipalidad; Rancagua, impulsada por la minera Braden Cooper Company; y Santiago, con un sobrecosto que se agregó al tiquete de entrada a los partidos del torneo local. Dittborn logró lo imposible, pero no consiguió verlo: murió de pancreatitis aguda 32 días antes de la inauguración.

El mundial fue un éxito. Garrincha fue la gran estrella, y Chile se convirtió en la única selección sudamericana fuera de Argentina, Brasil y Uruguay que ha disputado una semifinal del Mundial. Perdió 4-2 la semifinal contra Brasil, pero derrotó a la entonces campeona de Europa, Unión Soviética, 2-1 en cuartos y quedó tercera batiendo a la poderosa Yugoslavia.

Años después, un sismo también puso en riesgo el Mundial de México, el de 1986. Pero eso es otra historia que no quisiera contar. La lección de Chile es que, con unidad, a pesar del dolor, el país se recupera. Y acá no partimos de cero.

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