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Cavilaciones II

José Fernando Isaza

09 de abril de 2020 - 12:00 a. m.

La catástrofe de la epidemia en los Estados Unidos se debe en parte a estar gobernados por un ególatra que, además de debilitar el sistema de salud, ha sido persistente en negar la evidencia científica. Otra causa es, al menos, paradójica: el sistema de salud colapsa, pero no por fallas en los elementos de alta tecnología (escáneres, resonadores magnéticos, ecógrafos...), sino que la falla protuberante fue la carencia de elementos de baja tecnología, como tapabocas, botas hospitalarias, máscaras y demás.

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Por otra parte, es inadmisible que la Alcaldía de Bogotá no haya logrado llevar alimentos preparados, ollas comunales, a los ciudadanos en mayor grado de marginalidad: los habitantes de la calle y los que viven en los inquilinatos pagadiario, pues para ellos un mercado no es útil porque no tienen dónde cocinarlo. No es un programa costoso, dado que la población objetiva en el centro de Bogotá no debe ser superior a las 8.000 personas y el costo diario puede ser de $4.000 o menos. Se ven iniciativas individuales para llevar una gran olla de sancocho, las caras de agradecimiento y los aplausos son notorios. El hambre no da espera. El banco de alimentos de la Arquidiócesis tiene la posibilidad de colaborar en esto: ¡es urgente! No hay que preocuparse si quienes acceden a recibir un plato de comida son realmente necesitados; quien hace una fila para recibirlo es necesitado.

Con mayor razón, en épocas de crisis los gobernantes deben actuar con sensibilidad política y social, no es el momento para que la Alcaldía firme un contrato por $1.280 millones para que se mida el grado de aceptación de sus políticas. Con estos recursos se puede resolver parte del urgente problema mencionado durante más de un mes. También resulta al menos inoportuno destinar unos $2.600 millones para camionetas blindadas asignadas al Concejo de Bogotá, que hoy sesiona virtualmente.

En Colombia la evolución de la epidemia no ha sido tan pronunciada como en otros países. La cuarentena, liderada por la alcaldesa de Bogotá y los alcaldes de Medellín, Cali y Manizales, ha contribuido a estos resultados. El periodo de duplicación del contagio del 11 de marzo al 6 de abril fue de 3,49 días. En la última semana aumentó a siete días, en la anterior fue de 4,52 días. Cifras mucho más positivas que la duplicación cada dos días con la que nos asusta periódicamente la directora del Instituto Nacional de Salud, que proyecta de tres a cuatro millones de contagiados solamente en Colombia. En todo el mundo, el número de contagios es de 1’341.907*.

En Alemania, Angela Merkel no reducirá las medidas de control hasta lograr un tiempo de duplicación de diez días, hoy está en ocho días.

Las pruebas para detectar el COVID-19 son importantes, en especial para encontrar contagiados asintomáticos, que son los mayores propagadores de la epidemia, pues al no saber que son portadores, ni ellos ni sus allegados toman las necesarias precauciones.

El sistema de salud del país colapsa si el número de contagiados que requieren cuidados intensivos y respiradores supera el número de estos; es el eslabón más débil. Afortunadamente, el Gobierno, a marchas forzadas, está buscando ampliar inicialmente en 1.200 unidades el número de respiradores. Hasta ahora, el 4,2 % de los contagiados han requerido respiradores, porcentaje menor que el de los países europeos. Es fácil calcular el número de contagios que harían colapsar el sistema de salud si no se aumentan los respiradores.

* Esta columna fue escrita el 6 de abril de 2020.

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