Es conveniente preservar la memoria histórica; diferente es rendir homenaje a quienes son repudiados por sus actos. Se conservan los campos de concentración en los cuales se cometieron los más atroces crímenes contra la humanidad. No es un homenaje a los sanguinarios verdugos; por el contrario, lo es a las víctimas para no olvidar el pasado y evitar la repetición de hechos atroces. No se destruyeron los campos de la muerte en Camboya, y el instituto en el cual se infligían las más atroces torturas muestra los excesos de sevicia de quienes se sintieron inspirados por un poder superior para ejecutar sus delirantes ambiciones de poder. La bodega en Srebrenica, en la cual se perpetró el mayor genocidio étnico en Europa después de la Segunda Guerra Mundial, conserva su gris y tenebrosa luminosidad. Permanecen los ofensivos grafitis de los cascos azules holandeses contra la dignidad de las mujeres bosnias por el hecho de ser musulmanas.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Irene Vallejo recuerda que atacar estatuas y bajar a ciertos personajes del pedestal puede parecer posmoderno, pero es tradición antiquísima. Los romanos reciclaban los monumentos, con una modificación: el vencido pasaba a ser el vencedor. Los bustos de las damas se hacían como un rompecabezas, así, cambiando el peinado, la nariz o la boca, se honraba a la nueva agraciada.
Hace unos años, en un acto de lagartería, notables de Cartagena erigieron una placa en homenaje al pirata Vernon, como se le conoce en Colombia, o almirante sir Edward Vernon, como reza la placa en su honor en los jardines de la abadía de Westminster. Un ciudadano indignado la destruyó a martillazos.
La conquista española en América no fue el encuentro de dos culturas, fue un genocidio cometido por una fuerza invasora que destruyó a su paso monumentos y orfebrería, que redujo a su población a la esclavitud y el servilismo. Se estima que más del 80 % de su población aborigen sucumbió por asesinato, trabajos forzados y enfermedades traídas por los invasores. ¿Es acertado rendirles homenaje a conquistadores en sitios de tradición sagrada para los pobladores originales? Conservar la memoria histórica y el conocimiento de las técnicas artísticas empleadas en la construcción de la estatuaria permite conocer la evolución del arte y del sentido de la estética.
Una opción sería la construcción de inmensas bodegas con características de museo austero donde se depositen las estatuas y los monumentos de personajes que no merecen ser homenajeados.
Otra solución ha sido la del gobierno egipcio. La estatua de Ferdinand de Lesseps que se erigió en Puerto Saíd fue derribada en 1956 por los nacionalistas egipcios, quienes consideraban una afrenta rendirle culto a quien fue un excelente ingeniero y un déspota con los trabajadores: miles murieron por los malos tratos y las jornadas excesivas bajo un calcinante sol. La estatua fue restaurada y está en un astillero, sin el pedestal. El gobierno declaró el monumento como un “artefacto histórico”. Hay iniciativas para que retorne al pedestal, al lado de un monumento que se erigiría a los trabajadores del canal, un campesino egipcio.
En Colombia hacen falta más monumentos a la india Gaitana, a los cimarrones que lucharon por sus derechos y cuyos nombres están olvidados, a Quintín Lame, a los míticos Bochica y Bachué. Somos una nación mestiza.