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1 Dec 2022 - 5:30 a. m.

Delta

Al anunciar las obras que se ejecutarán para controlar las “inundaciones” de la región de La Mojana, Javier Pava, director de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, afirmó que se tendrá en cuenta el papel que juegan las ciénagas y los humedales en la regulación de los caudales y la preservación de los ecosistemas. La construcción de diques, diferentes a la defensa de las poblaciones y la reducción a ultranza de las áreas inundables, no será la prioridad. Por el contrario, se tendrá en cuenta, si es el caso, relocalizar asentamientos y mantener los espejos de agua.

La región de La Mojana está localizada en la depresión momposina. Es un delta interior, uno de los más complejos del mundo, pues confluyen allí tres grandes ríos: el Magdalena, el Cauca y el San Jorge; parecería que el Magdalena desembocara allí y no en Bocas de Ceniza. La altura de la región sobre el nivel del mar oscila entre 30 y 35 metros en Magangué y Mompox, estas localidades están a más de 300 km de la desembocadura del río en el mar Caribe. La cabeza hidráulica es inferior a un metro por cada 10 km. Es natural que la región se inunde periódicamente y que las ciénagas tarden en volver a sus niveles originales. Reducir artificialmente el área de las zonas inundables atenúa el efecto amortiguador de las crecientes y solo desplaza las regiones de inundación.

En la década del 70 del siglo pasado, una misión colombo-holandesa analizó las obras que permitirían obtener mejor aprovechamiento de la cuenca del río, su navegación, preservación ambiental, pesca y adecuación de tierras. Contrario a la creencia popular, que atribuye las causas de las inundaciones en la depresión momposina a los asentamientos humanos y la deforestación, las pruebas sedimentarias y geológicas muestran que dichos fenómenos se han producido desde hace más de cinco millones de años, antes de la aparición del hombre sobre la Tierra.

La recuperación natural de los espejos de agua no puede llamarse “inundación”. Secar ciénagas, lagunas y humedales para actividades agropecuarias causa daño a los ecosistemas y es un aprovechamiento indebido de los bienes públicos. Utilizar las áreas desecadas para actividades particulares y solicitar ayudas estatales cuando los caudales las reclamen es una práctica generalizada e injusta. Actividades tradicionales como la pesca y el uso de las tierras respetando las ciénagas son ambientalmente sostenibles. El estudio colombo-holandés proponía adecuar tierras aptas para la agricultura respetando las áreas inundables. Cuando el estudio se presentó a las altas autoridades uno de los asistentes preguntó si ese proyecto se podría realizar en un cuatrienio. La respuesta fue: “En Holanda, para adecuar un área inferior a la propuesta en la depresión momposina, llevamos más de 1.000 años de trabajos ininterrumpidos”. Hoy los Países Bajos reconocen que no es conveniente continuar con la recuperación de tierras del mar, pues el aumento de su nivel anularía los beneficios.

El problema de la usurpación de áreas en la cuenca del Magdalena no se limita a la depresión momposina, pues las comunidades de pescadores que viven en las poblaciones lacustres de la Ciénaga Grande, reiteradamente y sin éxito, denuncian que empresas bananeras están secando áreas que proveen a la población nativa de su ingreso y forma de vida.

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