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Demonios, julio

José Fernando Isaza

02 de julio de 2014 - 10:58 p. m.

Las religiones anteriores a la judaica son explicitas en el mito de la lucha entre los dioses del bien y los del mal. Por el contrario, en el Antiguo Testamento (AT) no está narrada la batalla entre el dios de los judeo-cristianos, que representa el bien, y el demonio, personificación del mal. La leyenda de la batalla entre los huestes del bien comandadas por el arcángel Gabriel y los ejércitos malignos bajo la dirección de Luzbel, cuyo nombre cambia a Lucifer cuando pierde la guerra, hizo, o hace parte, de las enseñanzas religiosas desde el medioevo, como si fuera un mito bíblico.

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No puede asimilarse la serpiente que tienta a Adán y Eva como un demonio o un mensajero de él; los textos bíblicos se refieren muy elogiosamente a ella: “La serpiente era el animal más astuto de cuantos el Señor Dios ha creado; y entabló conversación con la mujer” (La Biblia del Peregrino). Los falsos dioses, es decir, los que no fueran el Dios de los judíos, son llamados, algunas veces, demonios en el AT.

Aun con la guerra entre el Dios y el Diablo quedaron como buenos amigos y contertulios, no solo los comandantes de los ejércitos, sino también los soldados. “Una día fueron los ángeles y se presentaron al Señor; entre ellos llegó también Satán. El Señor preguntó ¿De dónde vienes? Él respondió: de dar vueltas por la tierra” (B de P). A continuación se enfrascan en una perversa apuesta, en la cual un buen hombre Job fungiría de conejillo de indias.

En el Nuevo Testamento hay más demonios, se llaman malos, espíritus inmundos. Uno de ellos, en el desierto, pone a prueba a Jesús. El Apocalipsis es pródigo en nombrar ángeles y bestias malignas.

Algunas regiones de la cultura del café han sido seguidoras de la más ortodoxa tradición cristiana; bendicen, antes que inauguran, industrias y negocios, entronizan en sus casas y lugares de trabajo al Sagrado Corazón, o el Divino Rostro, versión menos anatómica que el primero.

Tienen unas tradiciones que podían calificarse como “religiosamente incorrectas”. En Riosucio se celebra cada dos años el Carnaval del Diablo; es posible conseguir figuras demoníacas, en los mismos sitios que venden estatuillas de vírgenes, santos o trinidades. También se encuentran casas en cuyos portones está en alto relieve la cara de Satán; es posible que dentro de las residencias presida la sala el Sagrado Corazón. Desde el siglo XIX, Riosucio cuenta con dos cementerios, pues los protestantes no podían ser enterrados en el camposanto católico. Ayer como hoy, la zona es minera; y como los ingleses explotaban el oro, por eso existía una colonia no católica.

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En Salamina, cuya religiosidad es solo comparable a la de Santa Rosa de Osos, tierra de predicación de monseñor Miguel Ángel Builes, todavía se encuentran casas con puertas adornadas con la cara tallada de algún demonio popular.

¿Cómo explicar esta posible contradicción? Para los habitantes del norte de Caldas, el lugar destacado del Diablo no es una forma de veneración; tiene un sentido práctico. Es mejor prevenir ataques de los espíritus malignos, mostrándole respeto en la entrada de los hogares, u ofreciéndole carnavales, eventos similares a las procesiones. Con alta probabilidad se espera que el Dios bueno, Jesús, tendrá mayor tolerancia (?) con sus feligreses. Es más eficiente aplacar los malos espíritus que alabar los buenos; esta puede ser una pragmática explicación.

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