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Disuasión (I)

José Fernando Isaza

23 de agosto de 2018 - 04:20 a. m.

En 1986 Scientific American publicó unos documentos desclasificados por el Pentágono, en los que se menciona que durante la Segunda Guerra Mundial Japón estaba investigando en la Universidad de Tokio la producción de material radioactivo con objetivo militar. El documento señala que la puesta en marcha del sistema no avanzó aceleradamente, pues los militares japoneses consideraban que un arma de estas características iba contra el honor militar que privilegiaba el combate directo. Una de las primeras acciones que tomó el general MacArthur, comandante de las fuerzas de ocupación en el Japón, fue desmantelar los laboratorios nucleares. Para bien de la humanidad, las fuerzas del Eje no dispusieron de arsenal atómico. Alemania, que tenía la capacidad para realizarlo, expulsó a los físicos que sabían como utilizar la energía del átomo. En los Estados Unidos trabajaron en el proyecto Manhattan para construir la bomba atómica.

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Alemania llevaba la delantera en la cohetería de mediano alcance, los V-2 que impactaban a Inglaterra iban cargados con explosivos convencionales. ¿Cuál habría sido el resultado de la Segunda Guerra Mundial si Japón hubiera construido la bomba atómica y así Alemania habría contado con ojivas nucleares en sus cohetes V-2?

En una ocasión comenté delante de un japonés representante de los inversionistas en Mazda Colombia (CCA) sobre el reactor nuclear de la Universidad de Tokio. Se asombró, dijo que era muy niño cuando su padre, físico, trabajaba en la Universidad, no hablaba sobre su trabajo, se le veía estresado y todo parecía indicar que hacía parte de un equipo que desarrollaba una actividad científica para el ejército. Se deduce que el proyecto era el reactor nuclear.

Terminada la guerra, la única potencia que disponía del arma nuclear era Estados Unidos. La historia muestra que ese país ha incursionado en guerras con claros motivos de expansión territorial: México perdió Texas y California; España, Filipinas y Puerto Rico; Colombia, Panamá. Combinando la diplomacia, el dinero y las armas, Francia cedió Luisiana y sin armas Rusia le vendió Alaska.

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Analistas geopolíticos planteaban que un mundo con una sola potencia nuclear era inestable y que la tentación de usar esta arma para sus intereses era altísima. La filtración de los secretos militares para la entonces Unión Soviética tuvo, en parte, esta motivación. En pocos años se había formado un club nuclear: Estados Unidos, Unión Soviética, Francia y Gran Bretaña.

La capacidad de reacción si un país con armamento nuclear es atacado es tal que disuade a otro de hacerlo. Vivimos una época de equilibrio del miedo. La guerra entre las potencias es limitada y se realiza fuera de sus territorios. Después de 1945 no ha habido algo similar a las guerras mundiales del siglo XX.

La tecnología de construcción de la bomba atómica y la de hidrógeno no es un secreto absoluto. En la bomba atómica, el cálculo de la masa crítica es lo fundamental, una subestimación convierte la bomba en un explosivo lento, como la explosión de Chernobyl; la sobreestimación puede hacer que explote antes de llegar al objetivo. Durante muchos años DuPont ofreció en el mercado un producto de “explosión esférica”, el cual permite que una explosión atómica desencadene un proceso de fusión nuclear y active la bomba de hidrógeno. (Continúa).

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