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Maquillaje

José Fernando Isaza

12 de abril de 2018 - 12:55 a. m.

En una serie de reportajes, publirreportajes, los administradores de Reficar anuncian que en el año 2017 esta refinería dio utilidades por $48.000 millones (un modesto $2,6 por millón de pesos invertido). En el año 2016 las pérdidas ascendieron a $2,9 billones (millones de millones). ¿Cómo se produjo esta milagrosa recuperación?

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El balance del 2017 muestra que Reficar tuvo pérdidas operativas por $52.800 millones, si a esto se le agregan $624.000 millones de gastos financieros, gastos administrativos y otros gastos de operación, el resultado fue una de $1,4 billones; la pérdida fiscal fue de $ 0,93 billones. El cambio de los resultados se produce gracias a la “recuperación del gasto por una impairment (sic)” por un monto de $1,5 billones.

Esta cifra se obtiene de unos estimativos del valor de la planta proyectando márgenes futuros de utilidad en la refinación. Valores esperados que pueden darse o no. Aunque esto es aceptable por las normas internacionales de contabilidad, más que una utilidad es un aumento del estimativo del patrimonio. Este sistema lo utilizó Enron para valorar las pésimas inversiones con base en optimistas utilidades futuras. En Reficar, como no hay utilidades para repartir, pasar esta gigantesca cifra por el estado de resultados y no por el patrimonio no es tan grave. Las pérdidas acumuladas hasta el 2016 ascienden a $7,3 billones (US$2.600 millones).

En diciembre de 2017, Ecopetrol, garante de las deudas de Reficar, asumió directamente el pago de $9,4 billones, capitalizando la refinería. Esto implica que a partir del 2018 los costos financieros de esa obligación estarán afectando directamente los resultados de Ecopetrol, los de Reficar lucirán mejores, pero la utilidad de Ecopetrol se deteriorará. Estos ajustes contables pueden inducir a la opinión pública a pensar que los sobrecostos de Reficar no fueron tan graves, pues el proyecto ya es “rentable”.

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El impacto sobre las finanzas del Estado del sobrecosto superior a US$4.000 millones de esa obra supera en mucho la suma de los desfalcos del Guavio, del carrusel de la contratación en Bogotá, del cartel de la hemofilia, de los carteles de la alimentación escolar, el cartel de la toga, de los sobrecostos del metro de Medellín. En estos, además del desgreño administrativo, hay corrupción. En Reficar, hasta ahora, no hay condenas por corrupción.

Con el argumento de que la refinería esta operando, no puede olvidarse que este proyecto tiene el récord de los mayores sobrecostos en obra alguna realizada en la historia del país.

Con razón se dice que Reficar fue un pretexto para gastar a manos llenas con recursos de los accionistas de Ecopetrol, el mayoritario es el Estado, para beneficio de los contratistas que se lucraron con los generosos pagos. El típico caso de beneficios concentrados y costos distribuidos.

El documental novelado El mecanismo, de Netflix, describe la corrupción en Brasil y particularmente en Petrobras. Hay una escena en la cual la presidenta de Brasil inaugura una nueva y moderna refinería. Se oyen comentarios del tenor “costó el doble”, “con ese precio se hubieran podido hacer dos refinerías”, pero también algunos cercanos al gobierno opinan: “al menos tenemos una nueva refinería”.

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En Brasil no solo se demostró que hubo desgreño administrativo, también corrupción y hay varios detenidos.

Repito: en Colombia no se ha probado, hasta ahora, corrupción, en los descuidados y bien remunerados administradores.

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