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Riesgo moral

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José Fernando Isaza
11 de diciembre de 2008 - 03:19 a. m.
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CLAUDE MAGRIS CUENTA UN EPIsodio de su juventud. Un profesor, al finalizar una clase de literatura medieval, les puso la siguiente tarea: aprenderse de memoria una parte de los versos del Infierno, de Dante; al día siguiente seleccionaría a un estudiante, al azar, y si los recitaba, cosa difícil, a todos les pondría una nota alta; en caso contrario, todos perderían el examen. Algunos protestaron diciendo “eso es injusto”; el profesor les dio la razón, es injusto, pero la vida es injusta y es bueno que lo vayan sabiendo por experiencia propia.

Muchos aspectos de la economía son injustos. Basta pensar que los bancos cargan márgenes altos en la tasa de interés para compensar con quienes pagan los préstamos los costos en que incurren por quienes no lo hacen. Los grandes supermercados tienen en cuenta en sus costos un porcentaje de robos. ¿Quién los paga? Quienes no roban. En el orden internacional la situación no es muy diferente: si bien a los países que no entran en moratoria los intereses que les cobran suelen ser menores, la realidad es que, desde el punto de vista económico, no ético, la moratoria disminuye el costo de la deuda, aun teniendo en cuenta los mayores intereses que deben pagarse. El no reconocer la totalidad de la deuda les genera un flujo de fondo positivo.

La política de hacer más flexibles los pagos a las personas y empresas en dificultades financieras —si bien necesarias en muchos casos por razones de empleo o simplemente porque es más fácil recuperar una deuda de una empresa en marcha que de una en liquidación, y lo mismo se aplica para una persona natural—, estas decisiones llevan implícito un mensaje de riesgo moral: es mejor arriesgarse con la plata de los otros; así, si se obtienen altas ganancias, sólo se comparten los costos financieros, pero si se pierde, el acreedor soportará buena parte de éstos.

Algo similar ocurre con la caída de las pirámides. Quienes arriesgaron de primeros y recibieron altas ganancias no las van a devolver para compensar, así sea parcialmente, a los que creyeron que un negocio legítimo puede duplicar en cortos períodos indefinidamente sus ganancias.

Todos los auxilios del Gobierno para atenuar las pérdidas de quienes esperaban rendimientos del 200% o más, sean éstos otorgados como congelación en tarifas de servicios públicos, en exenciones de impuestos a la renta, en créditos subsidiados o lo que puede ser aún más discutible, emplear los recursos del Fondo de Garantías o de Fogafín, que están destinados a proteger los ahorros de quienes confían en el sistema financiero regulado, serán pagados por toda la ciudadanía y ésta no participó en la especulación. El mensaje puede entenderse así: es mejor buscar altos rendimientos aun en operaciones dudosas o riesgosas si se logra que la mayoría de la población asuma los costos de las pérdidas.

Deja una gran sensación de injusticia la prioridad que da a las regiones afectadas por la especulación, sobre las zonas que están sufriendo los rigores del invierno. Como están más dispersos, son más pobres y no tienen la misma capacidad de movilización, no se les presta la misma atención.

P.D. El ataque de las Farc en Caquetá a una brigada de salud y los asesinatos fuera de combate realizados por algunos miembros del Ejército muestran la degradación de este sangriento conflicto interno. ¿Cuántos muertos más habrá que padecer para lograr el cese de fuego?

* Rector, Universidad Jorge Tadeo Lozano

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