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ANTES DE TERMINAR SEPTIEMBRE del 2009, se logró producir la tan buscada hecatombe, condición suficiente expresada por el Presidente para nuevamente sacrificarse por el bien de la patria. Varios rumores existen de cómo se logró este objetivo, uno de ellos es el siguiente.
En el año 2008, un parlamentario presentó un proyecto de ley para obligar a todos los colombianos a suspender la actividad que estén realizando, ponerse de pie, y colocar la mano en el pecho cuando suenen las notas del himno nacional, imitando en esta forma al líder.
Algunos se refirieron al congresista como un megalagarto, pero él explicó que lo hacía por patriotismo y no con el ánimo de recibir prebendas contractuales o burocráticas, recordó que el Presidente había dicho que esas acciones sólo las había hecho en su primer mandato. Olvidándose de su promesa de campaña, de aplicar sólo la meritocracia. Los malquerientes ripostaron diciendo que a lo mejor en el tercer mandato se olvidaría de lo dicho en el segundo. El proyecto de ley presentaba algunas inquietudes del siguiente tenor: ¿Obliga a los discapacitados y a los enfermos en los hospitales? ¿Debe el Icontec dictar unas normas técnicas sobre el ángulo del brazo y la localización de la mano, al escuchar el himno? Teniendo en cuenta que el himno es obligatorio transmitirlo por radio, ¿cuál debe ser la actitud de los bomberos, los conductores de ambulancia, o la Policía cuando estén conduciendo en labores propias de su cargo? ¿Cómo debe dirigirse la mirada?
Los opositores fueron poco a poco silenciados, la amenaza de ser llamado antipatriota o terrorista surtió efecto en la mayoría; para los reacios el tema de que la memoria infinita y flexible del computador de Reyes, los comprometiera, los doblegó.
Durante los primeros meses de vigencia de la ley las sanciones a quienes no cumplieran el deber patrio fueron pedagógicas, por ejemplo ver cien veces el video de la firma de la ley y deducir por la actitud corporal quiénes han interpretado mejor el pensamiento presidencial.
Se escogió al fin un puente para poner en vigor, con sanciones, la patriótica ley. Parece que se buscó la asesoría de un líder deportivo que hizo cerrar la vía Girardot-Bogotá un lunes festivo para dar paso a una carrera ciclista.
Como gran parte de los conductores oyen radio, y es obligación a las 6 p.m. transmitir “las notas marciales del himno nacional”, se fue produciendo un fenómeno alucinante, los carros pararon, los pasajeros descendían, se ponían firmes con la mano en el pecho y la mirada al horizonte —los miopes fueron exonerados de este requisito—, algunos carros que no tenían prendido el radio, no pararon a tiempo y arrollaron a muchos buenos ciudadanos.
Como pocos días antes se había levantado el tradicional paro camionero, en ese puente la circulación de tractomulas y camiones estuvo permitida, algunos se detuvieron, otros no, y el número de choques casi elimina el sobre dimensionamiento del parque de carga. La congestión tardó varios días en normalizarse, las dificultades de la Fiscalía para levantar los cadáveres y de las ambulancias para rescatar los heridos fueron inconmensurables.
El daño económico llegó a un punto del PIB, pero se consideró un costo colateral aceptable o inevitable. El cuento de Cortázar, Autopista del Sur, en el cual narra un trancón de varios meses, queda opacado con esta hecatombe.
* Rector, Universidad Jorge Tadeo Lozano
