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EN 1998, BJORN LOMBORG, PROFESOR DE estadística en el Departamento de Ciencia Política de la Universidad Aarhus, Dinamarca, publicó El Ambientalista Escéptico, en el cual utilizando un arsenal de datos, informaciones y análisis, concluye que el medio ambiente, lejos de haberse desmejorado por la acción del hombre, ha tenido significativas mejoras.
Utiliza indicadores como disminución de epidemias, aumento de la esperanza de vida, recuperación de bosques en las zonas templadas, etc. El libro continúa señalando que la producción y suministro de agua potable mejora.
Por supuesto la reacción de los ecologistas no se hizo esperar; fue anatemizado y estigmatizado como cualquier opositor en Colombia, creo que hasta de terrorista fue tratado. Con las regalías de la obra se convocó un grupo de economistas y científicos políticos, de la talla de Douglas North y Paul Collier. Los 37 expertos produjeron un estudio de alto nivel técnico y político conocido como el Concenso de Copenhague del 2004. Analizaron 32 macroproblemas mundiales, desde las crisis financieras, el terrorismo, el sida, el calentamiento global... Seleccionaron los 10 más graves retos al bienestar de la humanidad. La priorización arrojó que el mayor obstáculo al bienestar es el hambre, seguido de las enfermedades contagiosas y la corrupción. Sorprendentemente, el calentamiento global sólo ocupó el puesto 9. En el 2007, el grupo produjo un nuevo estudio llamado “Soluciones para los más graves problemas mundiales”. En el análisis de cambio climático muestra que medidas como imponer impuestos al carbón para reducir las emisiones de CO2, no arrojan relaciones de beneficio/costo atractivos, en total contravía con los resultados del informe Stern.
Para martirizar a los apocalípticos, Lomborg recientemente publicó un pequeño libro, Cool it, de donde saqué el título de la columna. En éste acepta que la temperatura media de la tierra está aumentando, pero que no hay que alarmarse tanto, que muchas de las medidas propuestas para atenuar el fenómeno son fruto más del entusiasmo que del análisis científico. Muestra que mueren más osos polares por acción de los cazadores que por reducción del hielo ártico. Que la disminución de la mortalidad en los ancianos debido a los inviernos más suaves, compensan varias veces el aumento causado por los veranos más intensos. Ante la alarma de expansión de la malaria en las zonas templadas, recuerda con documentos cómo en el siglo XIX la malaria era una de las enfermedades más comunes en los Estados Unidos. Su erradicación se logró con medidas sanitarias, a pesar del aumento de la temperatura en la segunda mitad del siglo XIX.
Para tranquilizar la conciencia de quienes están dispuestos a bañarse con agua fría y no utilizar otros electrodomésticos por su efecto sobre el calentamiento global, Lomborg sugiere que pintar las casas de blanco, y en particular los techos, aumenta el albedo y se contribuye, en algo, a la reducción de temperatura. Promover los estanques y espejos de agua permite que la energía se emplee en evaporar el agua y no en calentar la atmósfera. Milenaria experiencia en ciudades mediterráneas avalan esta sugerencia.
En síntesis, Lomborg trata de mostrar que fuera de Al Gore, sí hay salvación. Para Colombia, que es un exportador importante de carbón, y fuel-oil, la propuesta de encarecer estos productos en los países compradores, a través de restricciones o impuestos, no le debe ser indiferente. Hay que analizar los diferentes enfoques con cabeza fría. Es bueno recordar que en la década de 1970, la preocupación no era el calentamiento sino, por el contrario, la inminencia de una nueva glaciación, como la pequeña edad de hielo del renacimiento.
Las referencias de los libros de Bjorn Lomborg mencionadas son: -Cool it – Alfred Knopf. New York 2007. -Solutions for the World’s Biggest Problems: Cambridge University Press 2007. -Global Crises, Global Solutions, Cambridge University Press 2004. -The Skeptical Environmentalist, Cambridge University Press 2001.
