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9 Dec 2021 - 5:15 a. m.

Velitas

La hermosa tradición de las velitas, en la cual algunos niños se queman manipulando el fuego y los adultos irresponsables lanzando pólvora, está relacionada con las cambiantes doctrinas religiosas sobre el aborto. La Corte Suprema de los Estados Unidos estudia modificar la sentencia Roy v. Wade, que garantiza el derecho al aborto. Teniendo en cuenta la mayoría conservadora de la Corte, puede fallar en el sentido de dejar en libertad a cada estado para que defina las restricciones a la interrupción voluntaria del embarazo. En Colombia, la Corte Constitucional estudia varias demandas que buscan ampliar o restringir las causales que permiten el aborto legal. El componente religioso del debate se centra en definir cuándo un feto es persona sujeta a derechos. La doctrina de la Iglesia afirma que lo es desde la concepción, en el momento en que se le infunde el alma, pero no ha sido siempre así, porque santo Tomás, doctor de la Iglesia, rechaza el término “asesinato” para el aborto, que solo se debe aplicar cuando el feto sea “animado”; es decir que haya recibido el alma, y estima que esto ocurre a los 80 días de la concepción.

La fiesta de las velitas celebra la inmaculada concepción de la Virgen María, no la concepción de Jesús. El dogma hace mención a la concepción sin pecado de María en el vientre de santa Ana. Por alguna púdica razón los textos sagrados denominan al útero vientre. El dogma de la inmaculada es reciente, pues fue proclamado en 1854. La Iglesia tuvo que modificar la doctrina de santo Tomás y definir que el alma se le infunde al feto en el momento de la concepción. Los argumentos para prohibir de cualquier forma la interrupción del embarazo no pueden apoyarse en los dogmas a la vez inmutables y cambiantes de la Iglesia.

El mito del pecado original acepta que hay delitos heredados y que se debe castigar a quien no ha cometido infracción alguna. Proclamar que los niños muertos no bautizados irían por la eternidad a un aburrido lugar llamado el limbo genera una culpa casi infinita a los padres creyentes cuyo hijo fallezca sin recibir el agua purificadora. En 2007 el papa Benedicto XVI decidió acabar con ese horrible lugar. Sobre la existencia del infierno estamos, y el término es apropiado, en un verdadero limbo. Juan Pablo II lo acabó, Benedicto XVI lo revivió; Francisco, en una charla informal, lo volvió a acabar, pero ante la posición de las voces más retardatarias lo restableció, aunque un poco más moderado y reduciendo la pena de fuego.

San Agustín afirmaba que el pecado original se transmitía en el momento del orgasmo. Los padres de la Iglesia recurren a un termino más descriptivo: “Placer desordenado en el momento de la procreación”. Para evitar la errónea deducción de que el hijo de una pareja frígida naciera libre de pecado, lo cual permitiría que sin intervención divina la Virgen fuera concebida sin pecado, santo Tomás declara que “lo de que el placer sexual transmite el pecado original no significa que el que no siente nada, no transmite nada. De lo contrario, los hijos de los frígidos estarían libres del pecado original” (citado por Uta Ranke).

Los dogmas de la Virgen y de la inmaculada concepción, definidos en el siglo XIX, son el intento de darle mayor relevancia a la mujer en el olimpo cristiano. Las religiones abrahámicas se apartan de las otras creencias en las cuales la diosa mayor es la transmisora de la vida, la mujer.

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