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Cuba vive una crisis en la cual complejos e inciertos temas deben ser tenidos en cuenta al momento de evaluar para dónde va la isla. El país recibía petróleo de Venezuela a cambio de apoyo en seguridad, salud e inteligencia, situación que se volvió critica con el control que la Casa Blanca ejerce sobre Delcy Rodríguez, como nueva presidenta, luego de la captura de Nicolás Maduro. En medio de esta realidad, Washington ha exigido a La Habana que busque un acuerdo y Donald Trump dijo que habrá un cambio de gobierno para finales del 2026. El panorama es sombrío para la isla.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha respondido que “nadie dicta lo que hacemos”, y que no hay conversaciones con Washington. Con pragmatismo y ante la realidad existente, no dejó de mencionar que siempre han tenido “disposición a sostener un diálogo serio y responsable con los distintos gobiernos de EE.UU,, incluido el actual, sobre bases de igualdad soberana, respeto mutuo, principios de Derecho Internacional, beneficio recíproco, sin injerencia en asuntos internos y con pleno respeto a nuestra independencia”.
Díaz-Canel ha sorteado, hasta ahora, los problemas derivados de la crisis actual, entre ellos los reiterados apagones, así como el desabastecimiento de alimentos básicos y medicamentos. En los dos últimos años una quinta parte de los habitantes emigraron del país y en las cárceles de la dictadura hay cientos de presos políticos, una buena parte de ellos por participar en protestas pacíficas.
Con este panorama, en medio de la grave situación económica y social, Cuba todavía cuenta con el respiro del petróleo mexicano que no alcanza para satisfacer las urgentes necesidades de toda la población. Según el Financial Times, desde el año anterior México se convirtió en el proveedor más importante de petróleo a Cuba, es decir, antes de la captura de Maduro a comienzos del presente año. La presidenta Claudia Sheinbaum ha mencionado que se ha enviado a la isla la misma cantidad de petróleo que la de los años anteriores, tanto por contratos existentes como por razones humanitarias.
Así las cosas, el gran interrogante es qué desea realmente hacer Trump con Cuba. No hay claridad en la respuesta, pero lo cierto es que el mandatario norteamericano cuenta con un bajo nivel de aprobación interna y quisiera poder actuar allí antes de noviembre, cuando enfrente las elecciones de medio término, con cambios en un tercio del Senado y la renovación completa de la Cámara. Donald Trump quiere consolidar las llamadas esferas de influencia, con una visión de imperialismo censurable, luego del cambio de gobierno en Venezuela. Mientras que su secretario de Estado, Marco Rubio, de origen cubano, aspira a presentarse a la presidencia con los dos trofeos que le darían un importante apoyo dentro de la comunidad latina: Venezuela y Cuba.
Los posibles escenarios sobre el futuro dependen de diversos interrogantes. ¿Le conviene a Washington una transición concertada y gradual con el régimen cubano, sin que se produzca una situación de caos social con resultados impredecibles? Es un panorama muy probable, dadas las condiciones actuales, en especial luego de lo sucedido en Venezuela. ¿Estaría lista la dictadura cubana a sostener un diálogo productivo con los EE. UU, que la lleve a asumir un sistema similar al de China o Vietnam, en el cual empresarios del país del norte se beneficien de la apertura en la isla? Es otro escenario posible que se complementaría con el anterior.
Díaz-Canel llevó a cabo un importante mea culpa días después de la captura de Maduro, donde aceptó su responsabilidad ante el plenario del Partido Comunista de Cuba (PCC) Díaz-Canel al decir, entre otras cosas, que “debemos sentirnos responsables de todo lo que funciona mal en Cuba”. También admitió que el PCC debe sentirse responsable de “todo lo que funciona mal” y que el desastre económico no depende solo de factores externos. Algo impensable algunos meses atrás.
La isla parece encaminarse hacia un eventual cambio de su estructura política y económica tal y como la que existe en la actualidad. De momento, la atención de la Casa Blanca en la región se centra en la transición que hay en Venezuela, incluida la visita de Delcy Rodríguez a la Casa Blanca. En los próximos meses se irá conociendo cuál es la real intención de Donal Trump con respecto a Cuba, sobre la base de unos diálogos con el régimen, que permitan una transición hacia un nuevo modelo de gobierno.
