Las protestas que comenzaron el 28 de diciembre en Irán, debido a la tensa situación económica que se vivía, dieron pie a una gran movilización política y social en el país que se ha saldado con miles de personas asesinadas o heridas, en medio de una represión indiscriminada por parte del régimen. Su líder supremo, el ayatola Alí Jameneí, acepta que ha habido “miles de muertes”, y considera a Donald Trump “un criminal por las víctimas, los daños y las calumnias que infligió a la nación iraní”.
No es fácil saber realmente qué es lo que está sucediendo dentro del país, pues las informaciones oficiales no son confiables y los periodistas no pueden ejercer su labor como quisieran hacerlo, debido a las restricciones existentes. En las últimas tres semanas se habla de más de 600 movilizaciones ciudadanas, en las 31 provincias del país, al parecer sin un liderazgo específico. Las cifras de personas muertas, según entidades de derechos humanos, varían entre 2.000 y 4.500, miles de heridos y más de 22 mil detenidos. A las dificultades para contar con información apropiada se suma el bloqueo a internet impuesto por las autoridades. Ante esta situación, Trump dijo que “si comienzan a matar gente como lo han hecho en el pasado, creo que van a ser golpeados muy fuerte por Estados Unidos”. No se deben echar en saco roto sus declaraciones.
Los motivos económicos iniciales se juntaron pronto con la insatisfacción política y social, en este país de más de 90 millones de habitantes. Desde septiembre del año anterior el régimen debió devaluar la moneda, el rial, que se desplomó ante la imposición de medidas que buscaban paliar el impacto de las sanciones impuestas ante la continuidad de su programa nuclear. El precio de los combustibles se incrementó, con el consiguiente aumento de precios, con una inflación anualizada que llegó al 40 %. También se levantó una medida del Banco Central que permitía contar con una tasa de cambio preferencial y subsidiada, lo cual generó mayor corrupción.
Para entender mejor la actual encrucijada, hay que recordar que las relaciones entre Washington y Teherán han pasado por diversas situaciones de encuentro y de confrontación desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos promovió un golpe de estado, que depuso al primer ministro iraní Mohammad Mosaddegh, luego de que este nacionalizara el petróleo. Se reinstauró entonces en el poder al sha Mohammad Reza Pahlavi, aliado incondicional de occidente. En 1979 triunfó la Revolución Islámica, con el ayatolá Rujolá Jomeini, e instauró un régimen autocrático en el país. A finales de ese año, estudiantes invadieron la embajada de Estados Unidos y se creó una gran tensión que llevó al rompimiento de relaciones.
En los ochenta, durante la guerra entre Irán e Irak, Washington apoyó a Saddam Hussein. La relación continuó siendo tensa hasta 2015, cuando se alcanzó un acuerdo nuclear para que se levantaran las sanciones impuestas al país por su programa nuclear. Durante su primer mandato, en 2018, Donald Trump desconoció lo acordado y, en junio del 2025, luego del ataque israelí a Irán, el presidente norteamericano bombardeó instalaciones nucleares en el país, cuyo impacto real es aún poco claro.
A lo anterior, hay que agregar que la importancia estratégica de Teherán ha sufrido serios golpes en los últimos meses. El denominado Eje de la Resistencia, países o grupos que directa, o indirectamente, han recibido apoyo iraní, se encuentra seriamente deteriorado. Hamás en Gaza y Hezbollah en el Líbano, han sido fuertemente golpeados por Israel. En Siria se produjo un cambio de régimen, y el dictador Bashar al Assad, cercano a Irán, huyó hacia Rusia. En Yemen, los Hutíes, aliados del país islámico, también han sufrido ataques significativos por parte de los israelíes y de Estados Unidos. China, continúa comprando crudo iraní, pero no ha entrado a apoyar abiertamente a Irán, y Rusia, que ha utilizado drones iraníes en Ucrania, tampoco se ha jugado por su proveedor.
¿Va a colapsar el régimen de los ayatolás? Es la gran pregunta, con una incierta respuesta. No es la primera vez que se producen movilizaciones como las que se han dado en el país, pero ninguna había alcanzado la actual intensidad. Entre algunos de los manifestantes se han escuchado frases en apoyo de Reza Pahlavi, quien cuenta con la simpatía de Washington. Los próximos días podrán ayudar a dilucidar el panorama iraní.