El mundo avanza de manera acelerada hacia un nuevo orden internacional, configurado por Donald Trump, y que se hizo evidente luego de las recientes movidas en el tablero de ajedrez regional. La exitosa operación militar para la captura y extracción de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flórez, con total menosprecio por las normas del derecho internacional, es la puesta en práctica del corolario Trump, dentro de la mencionada Doctrina “Donroe”. El primer mandatario le dijo al New York Times, cuando le preguntaron si había algún límite a sus poderes globales: “Sí, hay una cosa. Mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.
Con la reciente publicación del denominado Plan de Seguridad Nacional de la administración Trump, se evidencia una interpretación errada de la Doctrina Monroe, de 1823, según la cual el hemisferio americano estaba vedado a una eventual intervención o colonización europea, bajo el lema “América para los americanos”. Ahora, para el ocupante de la Casa Blanca, la idea se resume en hacer “lo que queremos en el hemisferio, porque pertenece a EE. UU.” Con su irrefrenable deseo de que su nombre aparezca en todos lados, la simbiosis de los dos conceptos fue bautizada como Doctrina “Donroe”. En ella, se da un especial énfasis en revivir las llamadas esferas de influencia, es decir, las regiones geográficas que la potencia que la invoca considera de interés vital. Se busca, así mismo, alinear a los países de su área de interés y evitar la presencia activa de otra, u otras, potencias, que le disputen su prevalencia.
Así las cosas y siendo realistas, a Trump sus planes le están saliendo bien. Aun si se está totalmente en descuerdo con la forma en que ha actuado, desconociendo las normas de convivencia internacional y creando un grave precedente para la región. La denominada “Operation Absolute Resolve” (Operación Resolución Absoluta), acción arriesgada que se ejecutó con precisión milimétrica, lo comprueba con respecto a Venezuela. Los demócratas han expresado su oposición, debido a las consecuencias que esta intervención podría tener a mediano o largo plazo.
En una nueva movida que sorprendió a todos, en especial a la aposición venezolana en general, y a María Corina Machado, en particular, Donald Trump anunció que él mismo mantendría control sobre el país y que dejaba en el poder a Delcy Rodríguez, vicepresidenta que se juramentó como presidenta. Lo anterior, sumado al hecho de que su hermano Jorge Rodríguez asumiera como presidente de la Asamblea Nacional (AN), llevó a especulaciones no comprobadas sobre una eventual traición de parte de los Rodríguez contra Maduro. El secretario de Estado, Marco Rubio, y el de defensa, Pete Hegseth, tendrán bajo su manejo las tres etapas que siguen para el país vecino: estabilización, recuperación y transición. Mientras tanto, Washington se arroga el derecho de recibir de 30 a 50 millones de barriles de petróleo, con un valor cercano a los US$ 2.800 millones, y pronto llegarán compañías petroleras del país del norte a Venezuela.
De momento, se busca la liberación de los presos políticos, que ya comenzó a cuentagotas, mientras se sugieren cambios dentro de una reforma integral del marco legal del país, anunciados por Jorge Rodríguez en la AN, incluyendo al derecho civil y penal, así como a las normas electorales, económicas, políticas y sociales. De esta manera, se estaría cumpliendo con las exigencias impuestas desde Washington, más otras que vendrán a corto y mediano plazo.
Dentro de esta realidad, lo que está sucediendo es la aclimatación de la ley del más fuerte, mediante el abandono del multilateralismo en organismos como las Naciones Unidas y la OEA. Justo en estos días la Casa Blanca anunció el retiro de 66 organizaciones multilaterales, entre ellas la Convención Marco de la ONU para el Cambio Climático, por considerarlas “inútiles” o “contrarias a los intereses de Estados Unidos”. Donald Trump avanza bajo la bandera de no enfrentar ninguna oposición cierta para continuar con acciones unilaterales de fuerza, contrarias al derecho internacional -en la región y fuera de ella-, con el fin de garantizar sus intereses.