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Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, y su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, están manejando los hilos del poder del país vecino con inteligencia y habilidad.
Desde que se produjo la captura y extracción de Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores, el 3 de enero pasado, Delcy ha demostrado que, por ahora, tiene el temple para conducir una transición que tendría que llevar a unas elecciones democráticas. De igual manera, atiende los dictados de Donald Trump, en especial en materia energética y de liberación de presos políticos, que le es dictada por el secretario de Estado Marco Rubio, dándole validez a un régimen ilegítimo.
La semana pasada, Caracas y Washington continuaron estrechando sus vínculos en materia energética, tras la visita a Venezuela del secretario de Energía, Chris Wright, quien inició sus reuniones de alto nivel con Delcy Rodríguez. La idea es lograr un impulso a la producción de petróleo, gas y energía eléctrica. Lo anterior ha sido posible gracias a una reforma legal, mediante una Ley Orgánica de Hidrocarburos, aprobada por el congreso, que impulsó desde la Asamblea Jorge Rodríguez, y que busca atraer inversión extranjera y dar un empuje a la modernización del sector energético. Es la primera vez que se abre la industria petrolera a la inversión privada en 27 años.
Como hecho concreto, se logró la firma de un acuerdo que incluye, entre otras cosas, el suministro de petróleo por dos mil millones de dólares y un plan de reconstrucción de cien mil millones. Lo anterior no está exento de problemas, pues persisten grandes desafíos por el deterioro en el que se encontraba el sector energético y las sanciones que se le habían impuesto al país. De esta manera, se fortalecen los vínculos diplomáticos y económicos entre ambos países, mientras el Departamento del Tesoro del país del norte ha flexibilizado las restricciones existentes frente a Venezuela. En este caso, desde Washington se han emitido licencias que facilitan la inversión y aumentan la producción petrolera y energética.
A pesar de las buenas noticias en el campo económico, en el político las cosas no han tenido una dinámica similar. Todo parece indicar que no se prevé la realización de elecciones presidenciales en Venezuela en el corto o mediano plazo; el retorno a las urnas está condicionado a la consolidación del plan de reconstrucción y estabilización nacional bajo la tutela de EE. UU. De hecho, Jorge Rodríguez sostuvo que la continuidad de su hermana, como presidenta encargada, está basada en una “falta excepcional y de fuerza mayor”, priorizando un proceso de “reinstitucionalización” antes de pactar un calendario electoral con la oposición. Lo anterior, ante la “ausencia” de Nicolás Maduro, quien comparece ante una corte en Estados Unidos.
Con respecto a la anunciada Ley de amnistía, continúa el trámite ante el Congreso para su aprobación final. De momento, se han acordado seis de 15 artículos en segunda discusión, pero persisten diferencias dentro del propio gobierno, frente a algunos de los temas más sensibles, lo que no ha permitido llegar a los acuerdos deseados. Dentro del oficialismo, los sectores más radicales quieren limitar la ley, mientras otros prometen la liberación de todos los presos, atendiendo a la solicitud de Washington. En esencia, el proyecto de ley busca otorgar amnistía general a personas procesadas o condenadas por delitos políticos cometidos entre el 1 de enero de 1999 y el 30 de enero de 2026. Se excluyen expresamente los crímenes de guerra, genocidio o los delitos de lesa humanidad. Una de las mayores limitaciones radica en que el proyecto excluye a unas quinientas personas encarceladas injustamente, en su mayoría militares. El sábado pasado se dio la excarcelación de otros 17 presos políticos.
Así las cosas, el régimen en Venezuela ha llevado a cabo importantes avances en la reactivación del sector energético, retrocesos en cuanto a unas prontas elecciones dentro de los estándares democráticos internacionales y la discusión para la aprobación de la ley de amnistía, que se tramita en la Asamblea Nacional. De esta manera los hermanos Rodríguez, Delcy y Jorge, controlan buena parte de un país que entró en una nueva dinámica que les garantiza la continuidad en los dos altos cargos de poder, mientras mantengan la estabilidad, bajo la vigilancia y supervisión directa de Washington.
