Si el costo del dinero se empieza a encarecer, tanto el consumo como la inversión privada tenderán a moderarse, frenando la demanda agregada de la economía y desacelerando la inflación. Resultado, este último, el esperado por el Banco de la República con su medida de empezar a subir sus tasas de referencia y que puede ser el inicio de una política monetaria restrictiva, que poco ayudará a las desdibujadas locomotoras que tanto anuncia el Gobierno (y nada que arrancan).
La medida evidencia temores por presiones indeseables de demanda, más peligrosas que las presiones por restricciones de oferta, como las originadas por el invierno y el paro camionero. Sin embargo, creo que aún es prematuro pensar en un recalentamiento de la economía o un desbordamiento del crédito financiero, que sea necesario moderar con dinero más caro. Ahora bien, si se trata de anclar las expectativas de los agentes del mercado sobre un aumento permanente en los precios, tal vez haya sido oportuno darse este primer golpe, pues con esto se siembra el temor en el mercado de que la inflación sigue siendo el principal objetivo de nuestro Banco Central, por encima del crecimiento, que debe preocupar más al Gobierno.
Pero es contradictorio que, a pesar de frenar la ayuda monetaria a la economía aumentando su costo, al mismo tiempo se anuncie que se extenderá hasta mediados de junio la compra de dólares, entiéndase como la emisión diaria de $40.000 millones. Es acá donde el Gobierno debería asumir su papel fiscal con seriedad, para que los esfuerzos contra la revaluación del peso no recaigan exclusivamente en el Banco de la República y dejen en entredicho su discurso de contracción monetaria.
Crecer a una tasa de 5% anual es apenas un mínimo para la economía colombiana, no un nivel que justifique la gestión e infle el pecho de un desorientado ministro. La lucha contra el desempleo será más difícil con tasas de interés más altas y frenos al crecimiento.
Todavía se está creciendo por debajo del nivel potencial de la economía y si el crecimiento no se acelera, como parece creer el Banco Central, habrá sido prematura la subida de intereses y un error que alguien pagará con su empleo. Y no me refiero a los codirectores del Banco de la República.