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Costos del grado de inversión

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José Roberto Acosta
19 de marzo de 2011 - 03:00 a. m.
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Con un aumento adicional en sus tasas de interés de referencia, el Banco de la República recibió el esperado grado de inversión, dado a nuestro país por la más importante calificadora de riesgo en el mundo.

Era de esperarse el aumento, ante la euforia con la que celebró nuestro precipitado ministro de Hacienda, al augurar un crecimiento en este año cercano al 6% en el PIB anual, con lo cual la brecha del producto, es decir, ese desfase entre lo que podemos crecer y lo que en realidad crecemos deberá cerrarse y por ende generar presiones inflacionarias, ante el cada vez más cerrado margen de reacción que tendría nuestra capacidad de oferta instalada.

Además de este encarecimiento del precio interno del dinero, el hecho de que los bonos de deuda soberana de Colombia ya puedan incluirse en la mayoría de portafolios institucionales en el orden global destrabará la potencial demanda por activos colombianos, lo cual incentiva la entrada de dólares y por lo tanto acentúa la ya grave revaluación del peso, la cual se alimenta también con la creciente tasa de interés del Banco de la República.

El mayor costo del dinero y la mayor revaluación son los costos de la buena noticia que para algunos llegó antes de lo esperado, mientras que para otros la demora era por los graves golpes a la institucionalidad dados por el pasado gobierno, tales como vulnerar la separación de poderes, buscar eternizarse en la Presidencia y una ambigüedad cínica respecto a los derechos de la oposición. El factor institucional sí cuenta para las calificadoras de riesgo como importante elemento cualitativo, sumado a resultados cuantitativos que ya se habían afinado de tiempo atrás.

El reto es no sólo mantener el grado de inversión sino mejorar en ese ranking, y ello dependerá de cómo se gasten los cuantiosos recursos fiscales que en este año se incrementarán debido al mayor recaudo del gravamen a movimientos financieros y a los fijados por la emergencia económica. El Plan de Desarrollo aprobado por el Congreso se concentra en las famosas locomotoras, pero nada hace por la equidad, la cual, no me cansaré de repetir, es el  principal combustible impulsor de un crecimiento sostenible y eso también lo tienen en cuenta quienes nos califican.

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