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No querían... pero les tocó

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José Roberto Acosta
18 de diciembre de 2010 - 03:04 a. m.
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Fuera por la crisis del invierno, por la de las fronteras o por una simple crisis nerviosa del Ministro de Hacienda, el Gobierno metía su reforma tributaria como fuera, incumpliendo su palabra de campaña,...

Fuera por la crisis del invierno, por la de las fronteras o por una simple crisis nerviosa del Ministro de Hacienda, el Gobierno metía su reforma tributaria como fuera, incumpliendo su palabra de campaña, la cual también empeñó al prometer el desmonte gradual del gravamen a los movimientos financieros de 4 x 1.000 y que ahora embolatan ante la urgencia de la emergencia invernal, que ha dado para sacar a flote, no sólo las ahogadas esperanzas de millones de colombianos, sino también un descuadre fiscal que estructuralmente no tiene salida diferente a la de aumentar los impuestos, o por lo menos, desmontar las exenciones particulares y hechas a dedo por el anterior gobierno, dizque para estimular el empleo, pero que, por su sesgo a intensificar los procesos productivos en su componente de capital, sólo generó mayores márgenes de ganancia a los empresarios y una mayor pauperización de las condiciones laborales en el país.

Y cómo criticar el oportunismo del Gobierno para decretar el estado de emergencia económica ante la devastación invernal, aunque puede tildarse de inhumano, pues me remito a lo que será la definición unilateral del aumento del salario mínimo, por debajo del crecimiento real de la economía para este año, con el argumento de una inflación controlada, pero que se mantuvo a raya, no sólo por el estancamiento de la demanda venezolana por productos agrícolas, sino porque el cada vez menor poder adquisitivo de la gente implica obviamente menor presión sobre los precios.

Y los mercados han sentido lo anterior. Los TES han perdido valor en lo corrido del presente mes, no sólo por los efectos que la inflación trae sobre la tasa real de interés, sino porque el estado de emergencia económica ha puesto en evidencia una desaforado interés por aumentar el gasto, pero sin asegurar estructuralmente su sostenibilidad a mediano plazo. Igualmente, un exiguo aumento salarial, obligará a seguir buscando mercados internacionales ante la poca capacidad de absorción de nuestro mercado interno, a pesar de pregonarse el interés por estimularlo.

Para la próxima semana, es probable que bajen los volúmenes de negociación y los actuales precios no tengan mucha volatilidad hasta el cierre del año y que el dólar se mantenga apenas por encima de los $1.900.

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