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LA GENTE HABLA DE LA PATRIA, PEro cuando se le pregunta por lo que significa el concepto, pocos superan el lugar común. En cambio, en estos días tuve la suerte de conocer a una mujer que nunca pronuncia la palabra, pero tiene claro el concepto y se le nota en donde más importa: en sus actos.
Landa Acevedo-Scott es una colombiana que vive en Londres desde hace años, y al comprobar lo que a menudo se nota en el extranjero, la falta de resonancia que tiene nuestra cultura en el mundo (en este caso Gran Bretaña), decidió hacer algo al respecto. Porque aparte del papel estelar de un puñado de figuras nacionales que hoy son mundialmente conocidas, se ignora el resto que ofrece el país. Por ello, Landa creó Colombiage: un festival anual dedicado a resaltar nuestras artes. Acaba de concluir la segunda celebración, y el resultado es sorprendente.
Y lo es, primero, por la tenacidad de convertir un sueño quijotesco en una realidad tangible. Landa trabaja con un pequeño equipo sin ánimo de lucro y no depende de ninguna entidad estatal, lo que garantiza su independencia, pero por eso mismo busca recursos de manera heroica, recibiendo cierta ayuda de la Embajada de Colombia y de algunas empresas, pero trabajando con las uñas y luchando contra todos los obstáculos. Y también por la impecable organización del festival. Cuando las cosas están bien hechas parecen fáciles y es difícil apreciar las dificultades de lograr ese resultado que luce sencillo. Por eso Hemingway decía que para comprobar el reto del matador de toros es mejor ver el esfuerzo de un principiante en vez del arte del maestro, porque sólo así aflora, en todo su esplendor, el peligro de la faena.
En esta ocasión, además de celebrar la música y el cine nacional, que cada vez está dotado de mayor calidad para competir con las mejores películas extranjeras, hubo un énfasis en la literatura. De Colombia procedíamos cuatro autores: Evelio Rosero, Mario Mendoza, Óscar Guardiola y yo. Con un remate único: la presentación de la biografía autorizada de García Márquez escrita por Gerald Martin, la que basta comenzar para saber, en ese instante, que no se podrá soltar hasta llegar a su última página.
Rosero estuvo brillante, hablando con sencillez pero diciendo verdades como puños. Además, él estaba celebrando la traducción de su novela Los ejércitos, ganadora del prestigioso Premio Tusquets, y rendida al inglés por Anne McLean, quien hizo un trabajo excepcional con la prosa de Rosero. Igual de lúcido estuvo Mendoza, aportando luces sobre el conflicto actual colombiano y los retos de convertir esa dura realidad en literatura. Y Guardiola ofreció la perspectiva filosófica, interviniendo siempre con su mirada aguda. Hasta ahora el festival está comenzando, pero ya se postula como un gran evento para estrechar los vínculos entre Colombia e Inglaterra, y para darle más volumen a la cultura nacional. Porque cuando se piensa en las dificultades de los artistas colombianos para aumentar el eco de su obra, cualquier esfuerzo es bienvenido.
A pesar de la globalización mundial, los problemas para que se conozca por fuera lo bueno de Colombia son monumentales. Por eso el empeño de alguien como Landa Acevedo-Scott con Colombiage, y otros festivales como el Hay de Cartagena y el de la revista Malpensante, son dignos de aplausos. Porque apoyar la cultura en un país con tantas necesidades siempre ha sido una tarea de locos. De locos fecundos. Porque en vez de hablar de la patria hay que fortalecerla, y no hay mejor forma que divulgando lo mejor que tiene: su cultura.
