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En esta época de fin de año, de balances e introspección, en vez de proponer resoluciones difíciles de cumplir prefiero resaltar lo que para mí es sagrado. Aquellas cosas en las que creo.

Creo, por ejemplo, en el poder de la palabra y el valor de la literatura. En la equidad de los semáforos y en tomar turnos, que es la esencia de la democracia. Creo en la Divinidad, en la dimensión espiritual y en la trascendencia, pero no, en cambio, en ninguna iglesia o religión organizada. Creo que el silencio es menos la ausencia de sonidos que el vacío necesario para la creación de los sonidos propios. Creo en celebrar las ocasiones, porque...

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