Hoy mucho joven no solo quiere ser estudiante y ciudadano. Quiere ser activista. Y lo primero que requiere un activista es un enemigo. Alguien a quien señalar y juzgar desde una posición de superioridad moral. Por eso hemos visto, últimamente, la prevalencia del activismo pueril, la condena o la defensa apasionada pero ligera, y el tomar partido sin conocer a fondo el contexto histórico y las raíces milenarias del problema o conflicto. Todo eso lleva, a menudo, a la acusación infundada, apresurada o injusta. Porque, claro, es tentador dividir el mundo entre buenos y malos, sin tomarse el trabajo de estudiar las cosas con rigor,...
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