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El Masái Mara

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Juan Carlos Botero
06 de agosto de 2021 - 05:30 a. m.
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En esta época del año tiene lugar uno de los mayores eventos del mundo natural: la gran migración de animales en las vastas planicies del Masái Mara, en Kenia, en el costado oriental de África.

Siguiendo las lluvias y el retoño de pastos frescos en esta inmensa zona ecuatorial, las grandes manadas de bóvidos —que incluyen gacelas, cebras y en particular los famosos wildebeests, que en español se llaman ñus— salen de Tanzania en enero y suben hasta Kenia en julio, donde permanecen hasta octubre y luego dan la vuelta para regresar al sur, llegando a las tierras fértiles de Tanzania en noviembre y diciembre. El trayecto es una especie de óvalo que atraviesa ambos países, y al llegar al Masái Mara los ñus se enfrentan a uno de los muchos obstáculos que deben sortear en su gran recorrido anual: el cruce del río Mara.

Cada ñu es de color grisáceo, dotado de cuernos en curva y una barba blancuzca, y tiene el rostro largo y negro como si llevara puesta una máscara africana. Son ágiles, veloces y viven en estado de alerta por ser la presa favorita de guepardos, leopardos y en particular las manadas de leones, que los cazan a diario en comandos liderados por las hembras más fuertes y experimentadas.

Los animales saben en dónde cruzar, y las formidables masas de ñus se acercan al empinado barranco de tierra para bajar al Mara, atravesar el turbulento río y alcanzar el otro lado de pastos verdes. Empiezan a desfilar por la ladera con gran cautela, avanzando con temor debido a la presencia de los grandes cocodrilos que los aguardan en el río, y se va formando una congestión y un embotellamiento dramático de animales sobre la pared misma del barranco, hasta que de pronto uno, en el borde de la orilla de piedra y sin más remedio, empujado por todos los otros que vienen detrás, se lanza de un salto y de un barrigazo al agua, y de inmediato lo siguen miles y miles más, cruzando el río entre pataleos y berridos con el agua al cuello. Muchos quedando rezagados y arrastrados por la corriente o apresados por los cocodrilos que los atrapan en sus fauces enormes y los hunden bajo la superficie marrón, dando giros veloces sobre sí mismos. Por fin la vasta mayoría de animales alcanzan jadeantes la otra orilla y empiezan a trepar por el barranco siguiente, resbalando en las rocas y buscando los pasadizos entre la maleza, hasta que coronan la cima y van pasando en fila a las praderas del otro lado del río. Su número es incalculable, se estiman en millones, y cuando se levanta la vista hacia la otra orilla, de donde todas esas bestias se siguen lanzando sin término, la oscura línea de ñus serpentea entre las ondulaciones del terreno y se extiende hasta el horizonte. Por eso esta faena se repetirá mañana y al día siguiente, y así durante semanas hasta que terminen de pasar todos, pues se trata de la mayor migración de animales de África.

Luego, una bandada de buitres anuncia que ya cayó un ñu en la sabana y están compitiendo por los restos que han dejado los leones y las hienas. Las aves rapaces, con sus cuellos largos y desnudos, hurgan entre las cavidades y picotean y arrancan los últimos tejidos de la presa. Entonces se hace claro que esto es nada menos que el círculo de la vida y en ningún lugar se aprecia mejor que en las vastas planicies del Masái Mara.

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Usuario(64126)07 de agosto de 2021 - 06:49 p. m.
"Por fin la vasta mayoría de animales alcanzan jadeantes (sic)": debería ir en singular, porque se refiere a la "vasta" mayoría".
Carlos(19865)07 de agosto de 2021 - 01:23 p. m.
El ciclo de la vida es exigente y a veces brutal pero debe mantenerse. La especie humana no tiene derecho a alterarlo ni menos aun a destruirlo.
hernando(26249)06 de agosto de 2021 - 07:11 p. m.
Gracias x recrear uno d los mayores milagros d la Madre Natura
Carlos(33105)06 de agosto de 2021 - 05:20 p. m.
Tantos temas importantes para abordar,y ahora tenemos a discovery-botero
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