Hay burradas menores y otras mayores, pero que un Gobierno divida a los escritores de su país entre críticos y “neutrales” es, sin duda, una de esas burradas históricas que no se olvidarán pronto.
Lo que sobresale de esta metida de pata de la Embajada de Colombia en España son dos cosas. La primera es la torpeza de un burdo acto de censura. El Gobierno prefiere marginar ciertas voces contrarias a su gestión, y la arbitraria selección que se hizo de autores que debían viajar a Madrid lo dejó en claro.
La segunda es la ignorancia de nuestra historia literaria. Porque es muy difícil encontrar un autor en América Latina que se pueda...
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