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Estamos interpretando mal esta contienda electoral. La estamos viendo como una elección más, similar a otras del pasado. Sí, hay mucho en juego, y cada sector está muy preocupado, si no alarmado, con la posibilidad de que el otro gane en primera o segunda vuelta. Pero esa preocupación y esa alarma no están a la altura de lo que está en discusión. Porque en todos los comicios previos lo que se disputaba era la alternancia del poder, el triunfo de tal o cual candidato, y que un partido u otro llegara al Palacio de Nariño. Liberal o conservador, santista o uribista, derecha o izquierda, Petro o Hernández. Eran las opciones que ofrecía la democracia. Y el gobierno que surgía del triunfo electoral (bueno o malo, transformador o decepcionante) sería juzgado por el pueblo en la próxima elección. Es decir, la gente podría premiar o castigar, mediante el voto, al partido a cargo del Estado, como sucede en toda democracia.
Ese no es el caso actual. Lo que está en juego ahora no es una opción más del sistema. Es la existencia misma del sistema político colombiano. Nada menos. Mejor dicho, es una contienda de vida o muerte. Y es inexcusable no ser conscientes de ello, y no actuar de acuerdo a esa realidad.
Para el Pacto Histórico, lo que está de por medio es su supervivencia. Si pierden estas elecciones, es probable que no vuelvan al Palacio de Nariño nunca. ¿Se imaginan a la justicia investigando en el gobierno de Abelardo o Paloma? Con todos los casos que ya conocemos de corrupción ocurridos en este gobierno, lo que se irá destapando será cada vez peor, y muchos de la órbita del presidente serán juzgados, empezando con sus familiares y funcionarios y asesores más cercanos. Su legado quedará desprestigiado de por vida, y el repudio al Pacto no tendrá reversa cuando la gente padezca las consecuencias del irresponsable alza salarial que se hizo para ganar estas elecciones y que significará aumento de informalidad y despido masivo de trabajadores; y siga sufriendo el deterioro de seguridad por el fracaso de la Paz total; y viva los efectos de la crisis fiscal, la parálisis del sector energético, y los estragos del sistema de salud destruido. Por esa razón están dispuestos a hacer lo que sea para no perder el poder, porque saben que si lo pierden será para siempre.
Esta elección es igual de trascendental para el resto del país. En cada entrevista, Iván Cepeda ofrecía respuestas evasivas frente a la Asamblea Constituyente y la Reforma Constitucional. Que no era cierto, o no era una prioridad, o sólo sería parcial. Pero ahora Cepeda lo admitió de frente, sin medias tintas. Se proponen cambiar el sistema político por completo. Claro, lo empacan en causas nobles, tipo la lucha contra la corrupción, la justicia social, el cambio climático, etc. Esas son excusas y lubricantes. Nada más. Y si lo logran, el resultado se resumirá en dos palabras: adiós, Colombia. Hasta ahí llegamos. Cambiarán la Constitución para no volver a preocuparse por comicios ni la pérdida del poder. Este será absoluto, y la democracia colombiana sufrirá un golpe de muerte.
Entonces no nos engañemos y no sigamos pensando que ésta es una elección más. No lo es. Lo que está en juego es nuestro sistema político. Y si no lo defendemos entre todos, entre todos lo lamentaremos. Para siempre.
