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Gracias, Dumek Turbay

Juan Carlos Botero

13 de febrero de 2026 - 12:05 a. m.
“Creí que todo en Cartagena estaba perdido y que no había marcha atrás. Y por eso quiero felicitar al alcalde Turbay”: Juan Carlos Botero
Foto: EFE - Ricardo Maldonado Rozo

Hay pocas ciudades en el mundo que quiero tanto como Cartagena de Indias. Mi madre fue una de las primeras en comprar una casa del centro histórico y restaurarla de manera profesional en 1978. Desde entonces, voy casi todos los años, e incluso escribí una novela sobre cazadores de tesoros que toma lugar en ese recinto amurallado y su hermoso mar Caribe. Por eso me partía el corazón cada vez que volvía, al comprobar el deterioro y el abandono de la ciudad, el descuido criminal de parte de sus alcaldes, el uno más corrupto que el otro, al punto que varios terminaron en la cárcel.

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Creí, lo confieso, que todo estaba perdido y que no había marcha atrás. Y por eso quiero felicitar al alcalde Dumek Turbay, porque ha hecho lo imposible: rescató la ciudad.

Sin duda, el alcalde Turbay se merece todos los aplausos. Lo que ha logrado es nada menos que milagroso. Hasta hace muy poco era imposible caminar por la ciudad sin correr el riesgo de partirse un tobillo en los andenes agrietados, y había que sortear la multitud de prostitutas que llenaban las calles. La ciudad olía a alcantarilla, el tráfico era un caos y la inseguridad no daba tregua. Los barrios populares subsistían a duras penas, abandonados a su suerte por la desidia de sus dirigentes. Y la ciudad más bella de Colombia, la más apetecida por los turistas, producía vergüenza.

Ya no. Por eso es admirable lo que ha hecho el alcalde en dos años. La ciudad está limpia y bien organizada. Los andenes están reparados. Las prostitutas desaparecieron y las calles huelen a limpio. Hay presencia policial, y aunque de vez en cuando un ratero se roba un celular, no es nada comparado con lo que sucedía antes. Las carreteras lucen asfaltadas y bien iluminadas. Las obras en los barrios populares son ejemplares, con mejorías en infraestructura, gestión social y espacios públicos. Para rematar, los arreglos navideños en diciembre fueron espectaculares. Dicho en breve, como ya lo anoté, el alcalde Turbay rescató la ciudad.

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Lo único que extraño, desde luego, son los coches de caballos. Todos saben por qué los quitaron, por maltrato animal y corrupción en el negocio. Pero nada sustituye la belleza de los carruajes y el sonido de los cascos sobre el asfalto, resonando contra las murallas del recinto antiguo.

Aún así, lo que más me ilusiona es la posibilidad de que la ciudad tenga más de un gran alcalde. Un buen sucesor de Turbay, e incluso un período del actual gobernador de Bolívar, Yamil Arana Padauí, más otro de Turbay, podría rematar el milagro del rescate urbano. Esa fue la fórmula ganadora en Barranquilla, y gracias a eso la ciudad es otra, pues ha podido desarrollar proyectos de largo aliento. Colombia es un país con instituciones tan frágiles que un buen alcalde, o uno malo, puede hacer una diferencia enorme. Y si replican en Cartagena el modelo de Barranquilla, como dice Dumek Turbay: “lo mejor está por venir”.

Lo cierto es que el cambio de Cartagena salta la vista y produce orgullo comprobar la transformación, y eso sucede cuando se gobierna con honestidad y vocación de servicio. Como una vez le escuché decir a un político de la Costa Atlántica con inusitada franqueza: “¡Oye, es increíble lo que se puede hacer cuando no se roban la plata!”

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Así que felicitaciones, alcalde Turbay. Y, ante todo, muchísimas gracias.

@JuanCarBotero

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